Entrevista

“El respeto por los libros sagrados es totalmente infundado”

A los 65 años, Ronnie Johanson vive medio oculto y debe mantener en secreto su número telefónico. No ha matado a nadie, no es Osama bin Laden ni trafica órganos, pero debe cuidarse las espaldas de los mismos que predican el respeto y dicen amar al prójimo. El pecado de este químico noruego, con estudios de física y matemáticas, es haber puesto sobre la mesa aquellos versículos bíblicos que sería mejor mantener a buen resguardo.

Con su obra El libro marrón de Dios, publicada en castellano por Ediciones de Filosofía Aplicada (Perú, 2004), sacó de quicio a varios. En sus páginas, Johanson recopiló párrafos donde el dios cristiano no es precisamente un buen padre. “La Biblia es un libro que ha sido leído por pocos, pero que es respetado por casi todos”, dice el autor en el prefacio. Y es curioso semejante respeto a un libro donde se habla tan sanguinariamente de masacres, desmembramiento de personas, castigos a inocentes, racismo, machismo…

Dios dice, por ejemplo, “Como osa que ha perdido a sus hijos, los atacaré y les despedazaré el corazón”. Sus fieles escriben “Nuestro dios es desconfiado y revanchista, ¡Señor vengativo e iracundo!”. Esa misma deidad exige pena de muerte para quienes no se han circuncidado, pena de muerte por trabajar los sábados y pena de muerte por pensar distinto, y se alegra con las matanzas de niños, como por ejemplo en Salmos 137:8-9: “¡Dichoso quien coja a tus pequeños y los lance contra las rocas!”.

Poner ante nuestros ojos lo que está al alcance de cualquiera en una Biblia le trajo consecuencias al pensador noruego. No le salió gratis citar los escritos donde Dios desprecia a los minusválidos, goza ante los genocidios y pide la cabeza de justos por pecadores: “Debido a las acciones malvadas de los padres, alístense a matar a los hijos”, dice en Isaías 14:21.

“Ese trabajo ha sido quemado y escupido por decenas de cristianos”, recuerda Johanson, aunque dice que lo suyo no es nada comparado a lo que ha vivido Walid al-Kubaisi, el coautor de El libro marrón de Alá, otro de los trabajos que engruesan el currículo del europeo.

¿Qué pasó con él?

A Walid, un refugiado iraquí que vive exiliado en Noruega, lo han golpeado cinco veces musulmanes fundamentalistas. También ha recibido amenazas de muerte, y todo por haberse convertido en un ex creyente y opositor del Islam. Yo no soy tan valiente como él, por eso desde que nuestro libro salió al mercado, he vivido oculto.

¿Por qué es importante escribir material crítico sobre los “libros sagrados”?

Porque la mayoría de los sacerdotes tratan de esconder esas partes de la fe que podrían ofender a los creyentes modernos. Pero fíjate que la mayor parte de los dogmas de varias creencias son repulsivos, y si me preguntas cuál de los textos sagrados es más sanguinario, te digo que la competencia entre la Biblia y el Corán está muy cerrada. De hecho, no he sido capaz de elegir un “ganador”.

¿Qué versos bíblicos le parecen más increíbles?

En mi opinión el más increíble, y también el que más cuesta que la gente se convenza de que efectivamente está en la Biblia y no es algo inventado por mí, es Lucas 14:26. Ahí Jesús nos dice que debemos odiar a nuestra madre y a nuestro padre como condición para seguirlo.

Y los creyentes, ¿no ven esa crueldad?

Creo que no, y eso se debe básicamente a que la mayoría de nosotros aprendemos a muy temprana edad que la Biblia es un libro sagrado, incluso infalible.

Uno creería que esta guía cristiana es sólo alabanzas y bondadosos consejos.

Es un error común pensar que en el Nuevo Testamento Dios no es más el Dios “desconfiado y revanchista” o “celoso y vengador” del Antiguo. En mi opinión, el cambio fue para peor. Por ejemplo, no había Infierno en el Antiguo Testamento. El Infierno del Antiguo Testamento es una especie de mundo oscuro, donde los muertos llevan una aburrida existencia, mientras Jesús amenaza con enviar a quienes no creen en él al “Gehenna”, donde seremos castigados hasta la eternidad en llamas quemantes. Vea Mateo 13, por ejemplo.

Machismo e ignorancia

El dios bíblico peca también de desconocimiento de asuntos elementales. Por ejemplo, en el Levítico se habla de “insectos alados de cuatro patas” y en el Antiguo Testamento se deja entrever que la Tierra es plana. Al parecer Dios no sabía que el planeta que él creo no es una mera tabla.

La Biblia está llena de errores científicos. ¿Era Dios un ignorante al respecto?

Por supuesto, el dios de la Biblia no sabe más de ciencia, y de hecho no sabe más denada,queloshombresqueescribieron la Biblia.

¿Y entonces?

Eso prueba que el dios de la Biblia posiblemente no existe. Piensa que si Él es omnisciente, sabe de antemano que la naturaleza va a asesinar a miles de niños inocentes, como en los terremotos. Y si es todopoderoso, podría evitar que una cosa así suceda. ¿Lo hace? Al menos no siempre. Por lo tanto, ¿puede ser considerado bueno?

¿Le parece un libro machista?

Definitivamente. Cuando San Pablo dice “no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús”, él se refiere a la salvación y todos debiéramos ser salvados. Pero también dice que los esclavos deben obedecer a sus maestros, las mujeres a sus maridos y que “el varón no fue creado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón” (1 Corintios 11:9).

¿Tienen sentido sus esfuerzos para convencer a los creyentes?

En realidad nunca he tratado que los creyentes dejen de creer. Me dirijo a aquellos que dudan y a quienes no le han dado una mirada más profunda a sus religiones, y que las eligieron porque otros se las impusieron cuando fueron bautizados, en su tierna infancia. Además, la mayoría siente un profundo respeto por su religión. Quiero mostrarles que ese respeto por los libros “sagrados” es totalmente infundado.

¿Lo conseguirá?

No sé, pero el poder de las ideologías religiosas es aún más difícil de combatir que las ideologías totalitarias seculares como el fascismo y el comunismo, pues hemos aprendido a no dudar de las religiones desde mucho antes de aprender a pensar. Yo quiero desmantelar ese respeto.