Libros

Seres Extraordinarios: El más electrizante archivo de rarezas humanas

SeresCriaturas del Señor. Historias de prodigios, portentos y hombres como nosotros. Por Omar López Mato. Edición del autor. Buenos Aires, diciembre de 2003. 2a Edición. Nueva Versión: 285 páginas.


Si Ud. está amargado porque los años, la experiencia o revistas como ésta lo han vuelto escéptico y siente nostalgias de su infancia, cuando todavía no estaba huérfano de historias electrizantes en las que creer, deje de sufrir: este libro está hecho a su medida.

Criaturas del Señor es un fascinante e instructivo catálogo de rarezas de la anatomía y la naturaleza humanas. Son temas que se prestan al sensacionalismo, sí. Pero su autor, Omar López Mato, no apela a golpes bajos. Ni falta que hace: todos los casos que aborda son sensacionales en sí mismos. Al contrario, al acabar con la lectura de su “bestiario” queda claro que —como él mismo escribe— “los verdaderos monstruos no tienen características anatómicas que los diferencien de los demás hombres”.

El propio López Mato es un curioso caso de médico oftalmólogo que ha mutado en escritor a fuerza de dejarse vencer por su promiscua propensión a adentrarse en las fronteras de la ciencia. En sus obras anteriores (“Ciudad de Ángeles —Historias del Cementerio de Recoleta”, dedicada a las leyendas en torno a los habitantes que yacen en la necrópolis porteña, y “Males de Artistas”, donde examina la obra de artistas clásicos a partir de sus enfermedades), desafía límites parecidos: aborda la “vida posmortem” de difuntos exhibidos cual esculturas en un cementerio de lujo y al dolor físico o la discapacidad como insospechada fuente de la creatividad.

Cuando “lo feo” es hermoso

El primer contraste es la notable calidad literaria de Criaturas del Señor. López Mato presenta a su galería de “criaturas horribles” en un estilo narrativo infrecuentemente bello (con perdón de los galenos que son la excepción, hay que decir que entre ellos abundan las plumas pesadas) y prolífico en anécdotas jugosas. Y lo hace para desvelar las extraordinarias vidas de seres humanos como nosotros, que hubieran vivido felices en su anonimato sino fuera porque la naturaleza les hizo una jugarreta: el caso de los “hombres cerdo” (nacidos con un apéndice a manera de rabo), cuyas madres fueron sospechadas de bestialismo (cuando no de haber tenido relaciones íntimas con Belcebú); la sorprendente historia de la mexicana Julia Pastrana, la mujer barbuda que siguió siendo estrella incluso embalsamada y sobre quien el mismísimo Phineas T. Barnum (precursor del género venga a ver freaks, agotado por los talks shows a fines del siglo XX) dijo: “esto es demasiado, aún para mi circo”; dos capítulos dedicados a los eunucos célebres (entre sus méritos está el haber logrado escribir sobre castración citando a Freud sólo para tomarle elegantemente el pelo); la tremebunda odisea de Giacomo y Giovanni Tocci, los hermanos bicéfalos tetrabracci, cuyos padres hallaron consuelo exhibiéndolos por toda Europa y las fascinantes discusiones filosóficas que alentaron cuando, en 1904, no se casaron con una sino con dos señoritas (“¿Cuál de los dos sería el progenitor del hipotético vástago? ¿Era un caso de mal disimulada bigamia o de un consentido adulterio?” se pregunta López Mato); las opíparas vidas de “los comelotodo”, hombres capaces de dar trato de comida a los objetos, animales o insectos a primera vista menos alimenticios; el caso de los hombres y mujeres adornados con un cuerno en la frente, siempre víctimas del sarcasmo y la superstición…

Monstruos y “monstruos”: el valor de la diferencia

Omar López Mato no se limita a ofrecer un relato minucioso de las casi siempre tortuosas vidas de quienes poseían atributos anatómicos notables. Se detiene especialmente en poner en su justo contexto histórico las circunstancias en que emergieron sus extrañas vidas y en presentar las sucesivas explicaciones que sus anomalías fueron recibiendo, desde las mágico-religiosas hasta las científicas. También se ocupa de sirenas, basiliscos, unicornios, gigantes (desmitificando a los fraudes con más ironía que profusión de adjetivos) y, claro, de vampiros y ladrones de cadáveres. Pero se advierte que el autor no lo hace para cumplir con otra cuota de morbo (que contraen por naturaleza todos los casos que aborda) sino para sorprenderse, y sorprendernos, con los controvertidos orígenes de la medicina, tan cercanos a la magia de la que ahora cualquier bien nacido se siente facultado a abominar.

En fin: las almas hartas de consumir las trasnochadas crónicas del monstruo del Lago Ness, las travesuras del Hombre de las Nieves o las flamantes tropelías del chupacabras encontrarán en Criaturas del Señor historias casi tan fantásticas. Salvo por un detalle: las cuenta un médico que conoce la diferencia.