Controversia

Periodismo de ‘imbestigación’

Un nuevo género se abre paso con determinación en el periodismo español. Su máxima es no verificar las fuentes, no comprobar los datos, copiar lo que escupen el teletipo o Internet —cuanto más llamativo, mejor—, y luego venderlo como si fuera fruto de una investigación. Uno de los últimos ejemplos lo ha protagonizado el periodista esotérico Iker Jiménez y llevó a Fernando de Felipe, crítico del diario barcelonés La Vanguardia, a acuñar una acertada denominación para este pujante género: “periodismo de imbestigación (de investigación imbécil, claro)”.

Jiménez presenta y dirige el magacín paranormal Cuarto milenio en Cuatro, televisión de ámbito nacional que forma parte del grupo PRISA, propietario también de la Cadena SER y del diario El País. Desde que se estrenó el 13 de noviembre de 2005, el programa ha sido blanco de críticas y parodias por su propensión a presentar fantasías y fraudes como hechos reales. Pero no fue hasta junio cuando esa tendencia se plasmó en uno de los episodios más hilarantes de la historia periodismo paranormal, superior incluso al protagonizado en 1983 por Fernándo Jiménez del Oso cuando emitió en Televisión Española el telefilme Alternativa 3 como si fuera un documental.

El astronauta que no fue

El director de Cuarto milenio dedicó el 11 de junio parte de su programa a “un hombre que la Unión Soviética quiso apartar de la Historia de un plumazo”, al que él había decidido hacer “un homenaje merecido”. Acompañado de su colaborador Gerardo Peláez, contó que la URSS ocultó en 1968 un accidente mortal durante la misión Soyuz 2, cápsula no tripulada, según cualquier historia de la astronáutica, pero en la que los dos periodistas aseguraron que viajaban un cosmonauta, Ivan Istochnikov, y un perro llamado Kloka. El hombre y el can murieron al chocar un meteorito contra su nave, y la misión fue borrada de la Historia. Jiménez y Peláez ilustraron sus palabras con el retrato del cosmonauta que acompaña a estas líneas, otro del perro, una foto de Istochnikov con sus colegas ante el Kremlin y otra posterior en la que se le había borrado, entre otras imágenes.

El cosmonauta soviético Ivan Istochnikov es, en realidad, el fotógrafo Joan Fontcuberta.
El cosmonauta soviético Ivan Istochnikov es, en realidad, el fotógrafo Joan Fontcuberta.

El caso Istochnikov, explicaron, salió a la luz en 1993, cuando un periodista estadounidense compró en una subasta en Nueva York un lote de material desclasificado de las misiones espaciales soviéticas. “Y ahí descubre este hombre, que creo que se llamaba Mike Arena, una fotografía con el fantasma en carne y hueso, presente”, puntualizó Jiménez, quien concluyó: “Lo cierto es que ese hombre (por el cosmonauta) no aparece en las fotografías oficiales y estaba ahí”. Impresionante historia… y tan falsa como la de las ruinas lunares de Juan José Benítez. Por eso, lo primero que hice al día siguiente fue intentar localizar a Ivan Istochnikov. Milagros de Internet, bastaron unos minutos para dar con su dirección de correo electrónico, tras lo cual le envié un mensaje en el que le decía que me gustaría hablar con él para publicar su historia en el periódico en el que trabajo, El Correo. El cosmonauta fantasma, perdido en el espacio casi cuarenta años atrás, me respondió inmediatamente, me facilitó un número de teléfono al que llamarle y, además, no se trataba de una conferencia a larga distancia con el Más Allá ni con otro mundo

“¡Estoy alucinando! ¡Todo esto me parece muy cómico”, me dijo al otro lado extremo de la línea Joan Fontcuberta (Barcelona, 1955), Premio Nacional de Fotografía en 1998. Este artista juega habitualmente en sus creaciones “al equívoco y la ambigüedad”, y montó en 1997 para la Fundación Telefónica una instalación —Sputnik— sobre un cosmonauta soviético con recortes de prensa, fotografías, parafernalia espacial, vídeos y la historia contada en Cuarto milenio. Todo parecía real y todo era falso. De hecho, el rostro del malogrado explorador espacial era el del artista y el nombre, también, sólo que traducido al ruso. “Tiendo trampas destinadas a los crédulos. No esperaba que cayeran en una que tiene nueve años unos periodistas profesionales, que se supone que tienen que verificar y contrastar la información”. En Google, los primeros resultados de una búsqueda sobre Istochnikov revelan y revelaban en mayo que la historia es una ficción. Iker Jiménez, que no respondió a mis llamadas telefónicas, ni siquiera fue capaz de hacer eso.

Fontcuberta aseguraba tras el escándalo que le alegraba que el episodio del cosmonauta Ivan Istochnikov en Cuatro abriera “un debate sano sobre la deontología periodística”. No fue así. Jiménez ni siquiera dio explicaciones. Siete días después, dijo ante las cámaras que la historia de Istochnikov era una “leyenda urbana cósmica” y que se había enterado de ello gracias a los espectadores de Cuarto milenio. No hubo excusas. “Los medios de comunicación han frivolizado mucho con el misterio, así que nuestra labor ha de darle una vuelta de tuerca a eso. Ése es el reto”, había declarado Jiménez a El País el 5 de junio. Una semana más tarde, demostró lo que, para un periodista esotérico como él, es no frivolizar.

Nostradamus, el Santo Grial y el Mundial de Fútbol

Con el cadáver del cosmonauta fantasma todavía caliente, otro muerto volvió de la tumba. Fue Nostradamus quien a mediados de junio, con la selección española goleando en el Mundial de Alemania antes de caer eliminada en su primer partido serio, demostró que hay mucho Iker Jiménez suelto en el periodismo español.

“Cuando termine el sexto mes de 2006, el Rey de España cruzará los Pirineos con su ejército. Las legiones de Belcebú les esperarán para la batalla en las llanuras de EuropaCentral.Ladestrucciónyladerrota caerán sobre los malvados. El Santo Grial volverá a España, con el Rey triunfante”. Este texto, atribuido por algunos medios al vidente francés, fue presentado como un vaticinio de la victoria española en Alemania por periodistas de radio, prensa y televisión.

La cuarteta era vieja; pero no tanto. Había aparecido por primera vez en un grupo de noticias de Internet el 13 de noviembre de 2005, cuando España encarriló la clasificación para la fase final del Mundial. La envió un internauta que hacía la siguiente interpretación: “Nostradamus habla del viaje a Alemania que hará el Rey de España para ver a su ejército —la selección nacional— jugar en el Mundial. Las legiones de Belcebú son, obviamente, las selecciones que serán derrotadas en Europa Central (Alemania). El Rey llevará el Santo Grial —evidentemente, la copa del mundo— a España. ¿No es asombroso?”. Tres horas después, un contertulio anunciaba que iba a contarlo en su bitácora, a lo que el descubridor del augurio mundialista respondía: “Puedes citarme tantas veces como quieras, pero se trata de una broma”. “Creé y posteé la cuarteta en noviembre del año pasado en el grupo Rec Sport Soccer con la intención de ver hasta qué punto se puede hacer pasar información falsa en Internet y convertirla en algo cierto. No esperaba que llegara a losmediosdecomunicación”,meexplicó en junio el padre del vaticinio.

Unos segundos en una de las webs donde están las profecías de Nostradamus en línea son suficientes para comprobar que la cuarteta de mundialista nunca ha existido. Fue lo que hice cuando la leí por primera vez y para lo que, al parecer, no tuvieron tiempo muchos periodistas. “Me muero de risa cada vez que se habla de mi cuarteta como de algo real que Nostradamus dijo. Es sólo un ejemplo de lo fácil que es engañar al público —dejé en claro desde el primer mensaje que era una broma— y de cómo algo que se dice en un grupo de noticias puede llegar a los grandes medios”, escribía el vidente el 21 de junio en el grupo de noticias citado. Tampoco en este caso nadie pidió excusas a su público una vez que el engaño fue desvelado en El Correo.

¿Qué demuestra todo esto? Muy a mi pesar, que hay que desconfiar de lo que decimos y escribimos los periodistas, y que hasta el medio aparentemente más riguroso es capaz de promocionar a charlatanes y supercherías cuando económicamente le conviene. Así que duden. También ha quedado clara la pasividad racionalista. Lamentablemente, a excepción de una carta de Fernando L. Frías, presidente del Círculo Escéptico, no llegó a los medios ninguna llamada de atención sobre estos dos ejemplos de mala praxis profesional. El rigor y la precisión parecen estar perdiendo en España la batalla contra el amarillismo, sin que a casi nadie le importe. Es más, Iker Jiménez fue premiado en 2004 con la Antena de Oro por la Federación de Asociaciones de Radio Televisión de España, en reconocimiento a “su labor como director y presentador de Milenio3 en la Cadena SER, como innovación del medio y rigor informativo”. Milenio3 es en la radio lo que Cuarto Milenio en la televisión, ensoñaciones vendidas como realidades, así que no me extrañaría que algún jurado le diera pronto un premio por su trabajo en el caso Istochnikov. A fin de cuentas, con Jiménez el periodismo alcanza las máximas cotas de rigor… mortis.