Pastillas

MINIENTREVISTAS CONCEPTUALES RESPONDE: EDUARDO WOLOVELSKY

¿Para qué sirve enseñar en las escuelas la teoría de la evolución?

Las perspectivas evolucionistas derivadas del modelo darwiniano no son sólo los pilares sobre los que se sostiene el moderno pensamiento biológico. En un sentido profundo han ejercido tal influencia sobre amplios campos de la cultura moderna que hoy resulta imposible reflexionar sobre la condición humana desconociéndolas. Al mismo tiempo, y en concordancia con este estudio, es imperiosa la crítica de las mitologías cientificistas (darwinismo social, ciertas líneas derivadas de la sociobiología) construidas desde una extensión ilegítima del darwinismo y con la cual se intentó en el pasado, y es una aspiración en el presente, la justificación de acciones sociales y políticas moralmente condenables.

Eduardo G. Wolovelsky
Eduardo G. Wolovelsky

Si por la razón que fuere, la escuela renunciase a la enseñanza y la discusión de las ideas evolucionistas entonces estaría resignando sus compromisos con la construcción de ciudadanos autónomos que se posicionan críticamente y con fundamento frente a los más acuciantes problemas que enfrenta la Humanidad.

¿Por qué la enseñanza de la evolución no viola la libertad de cultos?

El conocimiento científico no es un saber dogmático que pueda imponerse por la fuerza. Como forma del saber crítico, la ciencia debe aceptar todo tipo de disenso atendiendo únicamente al debate y la argumentación como forma de convencimiento. Queda claro entonces que, si bien los estados están obligados a basar sus decisiones en fundamentos racionales, los alumnos pueden rechazar la ciencia como sistema de validación y las ideas evolucionistas porque sus padres les han transmitido ideas religiosas creacionistas. De todas formas deberán estudiar el evolucionismo porque deben entender su impacto sobre el pensamiento y el desarrollo tecnológico del mundo contemporáneo. Es su derecho rechazar su legitimidad, pero el Estado está obligado a proporcionarles a los jóvenes, independientemente de sus creencias, la posibilidad de pensar las teorías y modelos más relevantes de la ciencia. Solamente se violaría la libertad de culto si se fuerza a los alumnos a sostener la verdad de ciertos modelos en contra de sus convicciones, pero en este caso también se iría a contramano de las actitudes racionales que, según se reconoce, se desean promover con la enseñanza de la ciencia.

¿Enseñaría creacionismo en las clases de ciencia de las escuelas públicas?

En la escuela no se debería censurar ninguna perspectiva valiosa del conocimiento humano. Pero los temas tratados deben estar en concordancia con la posibilidad de los alumnos de poder acceder a ellos desde un marco racional, lo cual significa crearles un espacio de disenso fundamentado y la posibilidad de confrontar sobre la base de determinados argumentos. El problema con el creacionismo o el diseño inteligente en los Estados Unidos es que los sectores que promueven su enseñanza no pretenden que se los analice (es imposible sostener racionalmente, por la debilidad de las argumentaciones, la validez de estas ideas); por el contrario proponen un acto de proselitismo religioso violando la libertad de culto que los estados modernos están obligados a garantizar. Pero el problema no muere allí porque nos lleva a preguntarnos hasta dónde, en contradicción con los compromisos epistémicos que la definen, la enseñanza de la ciencia también se resume en un acto dogmático.

¿Cuál cree que es el cambio que más afectará a la sociedad en los próximos 100 años?

La utopía imaginada por numerosos pensadores a finales del siglo XX era la de una sociedad más justa y donde algunos sufrimientos, de manos del de-sarrollo científico y tecnológico, iban a ceder terreno. Pero el siglo XX con sus dos guerras mundiales, con la muerte técnicamente planificada en los campos de extermino y con el desarrollo de armas de destrucción masiva lejos estuvo de aquella predicción. Parece pues imposible decir cuáles serán los cambios que más afectarán a la sociedad en los próximos 100 años. Supongo que lo máximo que podemos hacer al respecto es asumir una postura crítica en relación con aquellas tendencias que juzgamos peligrosas o equivocadas, entendiendo al mismo tiempo que el futuro no puede ser pensado como extrapolación lineal del presente. Sí creo que uno de los mayores peligros que enfrenta la Humanidad es perder la perspectiva de que el desarrollo tecnológico no es un fin en sí mismo sino un medio. Debemos, por lo tanto, hacer todos los esfuerzos posibles para evitar que esta tendencia actualmente arrolladora termine por consolidarse. Sin duda habrá importantes cambios derivados de la investigación tecnocientífica (los cuales no me animo a predecir) y, por ende, uno de los mayores desafíos en los tiempos por venir será que ese desarrollo promueva una mayor igualdad entre los seres humanos en lugar de aumentar la inequidad.

 


Eduardo G. Wolovelsky es biólogo (Univ. Buenos Aires). Coordina, en el Centro Cultural Rector Ricardo Rojas (UBA), el Proyecto Nautilus de comunicación y reflexión sobre la ciencia. Su actual campo de investigación se centra en cuestiones relacionadas con la socialización del conocimiento científico.