Contracorriente

Los “Rain Man” de la vida real: ni genios ni idiotas

¿Qué pensaría de una persona que puede leer las dos páginas de un libro simultáneamente en sólo diez segundos, una con el ojo izquierdo y la otra con el derecho? ¿Y si a los cuatro meses es capaz de recitar de memoria el párrafo que usted quisiera?¿Y si además identificara los instrumentos de una orquesta sinfónica y reconociera con rapidez el timbre de un instrumento en cualquier pasaje orquestal? (“timbre” es una de las propiedades que permite distinguir el sonido de instrumentos musicales diferentes).

Si usted pensara que el sujeto es un genio, estaría equivocado. Si imaginara que es un freak circense, le advierto que su cerebro ha sido estudiado por la NASA. Así descubrieron que carece de cuerpo calloso (la estructura cerebral que sirve de comunicación entre los dos hemisferios cerebrales para que trabajen en forma conjunta y complementaria). El individuo en cuestión se llama Kim Peek y los guionistas del film Rain Man se inspiraron en él para el papel que interpretó Dustin Hoffman. Los psiquiatras Darold Treffert y Donald Christensen remarcaron que “queda demostrada su capacidad para comprender estilos musicales porque al escuchar piezas que nunca oyó antes, logra identificar el estilo musical de la obra y deducir quién la compuso (Treffert. y Christensen, 2005). Pese a poseer estas habilidades excepcionales, Peek no sabría explicar de qué tema trata el libro que acaba de leer y memorizar, es incapaz de vestirse sin ayuda o de encontrar el cajón de los cubiertos en la alacena.

Los “sabios idiotas” no son idiotas

La literatura científica registra la presencia de “sabios idiotas” desde 1887, cuando J. Down (el mismo del “síndrome de Down”) etiquetara con ese término a un autista retrasado mental que podía recitar de memoria el clásico libro Decadencia y ruina del Imperio Romano de Edward Gibbon (Treffert y Christensen, 2005) Al poco tiempo, el término fue reemplazo por el de “síndrome del sabio” porque la “idiotez” en realidad es el tipo de retraso mental más profundo —representa puntajes de cociente intelectual (C.I.) iguales o menores a 25. Para empeorar las cosas, Down cometió el error de creer que todos los autistas eran “retrasados mentales” (con un C.I. igual o menor a 70), lo que es falso según el psiquiatra Darold Treffert, ex presidente de la Sociedad Médica de Wisconsin y autoridad mundial en el estudio del “síndrome del sabio” (Treffert, 2007).

Treffert estima que el 50 por ciento de estas personas —a las que denomina “savants”— (que en francés significa “virtuoso de las artes”) presentan “trastornos generalizados del desarrollo” —una categoría del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (D.S.M. IV) que incluye al autismo, aunque no sólo a él—, y el otro 50 por ciento sufre diferentes formas de daño cerebral o trastornos del sistema nervioso central (Treffert, 2006). Pese a estar fuertemente correlacionadas con diversas alteraciones neurales no se puede establecer una relación de causalidad entre éstas y las habilidades extraordinarias. Por ello, el término “síndrome” (conjunto de signos y síntomas”) puede llevar erróneamente a la idea de que estamos ante una “enfermedad” (como lo es la tuberculosis, por ejemplo). En realidad, los savants se agrupan en torno a un “conjunto de características conductuales observables” entre las que destaca la capacidad extraordinaria en un individuo con trastornos del desarrollo o discapacidad neural (Young, 1999).

Treffert señala que las “habilidades savant” no son de cualquier orden:

  • Habilidades musicales: por lo común son intérpretes de piano con excepcional memoria para reproducir piezas musicales.
  • Dibujo de “memoria fotográfica”, pintura: es frecuente que comiencen a dibujar por un detalle secundario del objeto o imagen que retienen en su memoria y progresen en la reproducción sumando elementos contiguos, ignorando completamente las características de “visión semántica” que normalmente son el objetivo de un artista (Pring, 2005).
  • Cálculo de calendario: consiste en saber el día de la semana apropiado para una fecha determinada en sólo unos segundos (lo que en realidad no es tan extraordinario porque el calendario gregoriano posee algunas regularidades facilitadoras).
  • Cálculos relámpago: en realidad no se trata de verdaderas operaciones matemáticas —como veremos en el caso de Daniel Tammet— aunque involucran cifras extensísimas con especial habilidad para trabajar con números primos (aquellos que son divisibles únicamente por sí mismos y por 1).
  • Habilidades mecánicas o espaciales: incluyen la capacidad para medir con precisión distancias sin instrumentos, maestría para construir mapas y hallar direcciones.

Se han informado en menor grado habilidades tales como: facilidad prodigiosa para aprender idiomas, discriminación inusual para el olfato, tacto o la visión, y una perfecta apreciación del paso del tiempo sin mirar el reloj. Por lo general se especializan en un área específica aunque hay algunos “megasavants” (como Kim Peek) y en todos los casos se encuentra una memoria prodigiosa (Treffert, 2006).

El psicólogo australiano Mike Anderson, de la University of Western Australia (UWA), va más allá: “El hecho de que sujetos con trastornos generalizados del desarrollo sean capaces de tales hazañas es una prueba contra la creencia en una ‘inteligencia general’; y apoya la idea de la naturaleza modular de la inteligencia”, asegura (Anderson, 1998). Que un savant no es un retrasado mental —mucho menos un idiota— queda además demostrado por casos como el del políglota Daniel Tammet que veremos más adelante.

Los “sabios idiotas”
no son sabios (mucho menos, “genios”)

“Un sabio es una persona con vastos conocimientos en un área particular adquiridos por aprendizaje y que puede aplicarse a situaciones concretas de manera juiciosa” (Tao, B., 1999). En cambio, las habilidades savants no son aprendidas (aunque pueden ser “adquiridas” — en algunos casos— después de un daño cerebral); lo que sí sucede es que, ocasionalmente, pueden ser perfeccionadas debido al ejercicio y al interés que genere la práctica. Entre otros factores motivadores no intelectuales, el savant —además de placer— obtiene atención, entusiasmo y la curiosidad de los demás (Wulff, 2006). Un “genio” —que también puede ser un sabio— es alguien que logra el más alto grado de rendimiento y creatividad en diversas áreas del esfuerzo humano. Por el contrario, la habilidad excepcional del savant es característicamente específica: una deslumbrante velocidad de aprendizaje, una memoria prodigiosa pero acotada a una temática, una espectacular capacidad para reproducir “fotográficamente” lo que ha visto antes. Para desplegarlas se basan en reglas rígidas y carecen de flexibilidad, mucho menos de creatividad. “La habilidad savant se caracteriza por ser asimbólica, concreta y derivada de la percepción directa —en caso de una capacidad artística—, contrastando con las habilidades comandadas por el hemisferio cerebral izquierdo (en diestros, porque en zurdos es al revés) que son más secuenciales, lógicas y simbólicas” (Treffert, 2006).

¿Cómo lo hacen?

Daniel Tammet, un savant famoso por haber recitado de memoria el número Pi durante cinco horas hasta 22.514 decimales rompiendo así el récord europeo de “recitado del número Pi” —existe un campeón mundial japonés que no es savant— padece de síndrome de Asperger, otro trastorno generalizado del desarrollo: no puede hacerse una comida y evita caminar por la playa para no verse obligado a tener que contar compulsivamente los cantos rodados que ve. Habla de manera fluida inglés, francés, lituano, esperanto y finlandés e inventó dos lenguas: el lapsi y el usisuom. Dirige una empresa de aprendizaje y entrenamiento en idiomas por Internet: su dificultad reside principalmente en el terreno de las habilidades sociales.

Lo que diferencia a Tammet de sus compañeros de proezas es que puede describir cómo lo hace. Lo ha explicado en TV y escrito en un libro: “A mi experiencia visual y emocional de los números los científicos la llaman cenestesia. Se trata de una extraña mezcla neurológica de los sentidos, cuyos resultados más comunes son la capacidad para ver letras y números en colores. La mía es de un tipo poco común y muy compleja pues veo los números como formas, colores, texturas y movimientos… Cuando divido un número por otro, en mi cabeza veo una espiral que rota en sentido descendente. Distintas divisiones producen diferentes tamaños de espirales y curvas variables. A partir de mis imágenes mentales puedo calcular una operación hasta casi cien decimales… Cuando realizo una multiplicación, veo los dos números con formas específicas. Luego la imagen cambia y aparece una tercera que es la respuesta correcta” (Tammet, 2007).

El caso de Tammet es único, muchos savants no son cenestésicos, y para peor no existe una “teoría única” que pueda explicarlos a todos. De entre las múltiples teorías, una plausi-ble se aplica a los autistas artistas gráficos (por ejemplo, el pintor norteamericano Jonathan Lerman): “Es un particular estilo de percepción cognitiva. Al no verse distraído por patrones más globales y técnicos (como los que prioriza un pintor profesional) el savant puede focalizarse en un solo ítem y persistir. Así puede centrarse mucho más en los detalles que en la globalidad. Apoyándose en una prodigiosa memoria mecánica y automática, (se la llama memoria implícita) logran la fidelidad al modelo.”

Los investigadores Mishkin y Petri, del Laboratorio de Neuropsicología del National Institute of Mental Health (NIMH) (Mishkin y Petri,1984), postulan dos tipos de memoria con circuitos neurales diferentes: un circuito córtico-límbico (corteza cerebral-sistema límbico) para la memoria semántica, también llamada “memoria procedural” (la que utilizan los pintores artistas) y un circuito inferior córtico-estriado para la memoria automática asimbólica propia del savant, también llamada “memoria implícita”.

Diversos estudios con tomografía computada por emisión de positrones (SPECT) revelan en savants disfunciones en zonas del hemisferio izquierdo que son “compensadas” o comandadas por el hemisferio cerebral derecho (Hauser, De Long y Rosman, 1975) y (Hou, Miller, Cummings et al., 2000) y en tal línea de investigaciones se está trabajando actualmente.


Referencias

  • Anderson, M. 1998. Mental retardation, general intelligence and modularity, en Learning and Individual Differences, Volume 10, Number 3, 1998; Pags. 159-178.
  • Hauser,S.L., DeLong,G.R, Rosman,N.P. 1975. “Pneumographic Findings in the Infantile Autism Syndrome: A Correlation with Temporal Lobe Disease. Brain 1975, 98:667-688 . Citado en Treffert,D. 2006.
  • Hou,C. Miller,B Cummings,J. et al. 2000. Artistic Savants. Neuropsychiatry Neuropsychol. Behav Neurol. 2000;13:29-38. Citado en Treffert,D. 2006
  • Mishkin, M., and Petri, H. L. 1984. Memories and habits: Some implications for the analysis of learning and retention. En L. Squire and N. Butters (eds.), Neuropsychology of memory, pp. 287–296. Guildford Press, New York. Citado en Treffert,D.2006.
  • Pring, L. 2005. Savant talent. Developmental Medicine & Child Neurology, 2005, 47: 500–503.
  • Tammet, Daniel “Nacido en un día azul” 2007, ed. Sirio
  • Tao, B. 1999. Living With Exceptional Children, en “Geniuses, Prodigies &Savants” (Congreso realizado en la Univ. de Sydney, Australia, el 6 y 7 de diciembre de 1999) editado por el Centre for the Mind y organizado por Centre for the Mind, Joint VentureAustralian National University & University of Sydney, pag. 3.
  • Treffert,D.2006.Savantsyndrome:an condition, en http://www.wisconsinmedicalsociety.org/system/ files/savant_article.pdf
  • Treffert, D. 2007. Autistic Disorder: 52 Years Later/ Some Common Sense Conclusions, en http://www.daroldtreffert.com/systemfiles/commonsense.doc
  • Treffert, D. y Christensen,D. 2005. Inside the Mind of a Savant. Scientific American, December 2005, págs. 110-113.
  • Wulff, J. 2006. Kim Peek and Fran Peek: “I am important to know you”, en w3.mesd.k12.or.us/pa/Interaction11-6-06.pdf.
  • Young, R. 1999. Unveiling the Savant Mind, en “Geniuses, Prodigies &Savants” (Congreso realizado en la Univ. de Sydney, Australia, el 6 y 7 de diciembre de 1999) editado por el Centre for the Mind y organizado por Centre for the Mind, Joint VentureAustralian National University & University of Sydney, pag. 3.