Editorial

La investigación escéptica

Sin desmerecer la investigación sobre lo paranormal —en el presente número el principal artículo versa sobre la investigación, llevada a cabo por Benjamin Radford, de una supuesta casa encantada— los escépticos debemos comenzar a abordar otros temas, para algunos, de mayor envergadura por su impacto social.

No estoy hablando solamente de las religiones, sino de economía y política. Es cierto que los escépticos nos hallamos divididos a este respecto: no sólo por una cuestión de estrategia o preferencias personales, sino también por cuestiones filosóficas, particularmente ideológicas. Antes de abordar temas económicos y políticos, lo primero que deberíamos intentar sería ponernos de acuerdo en los términos y en las definiciones. Las disciplinas mencionadas resultan extremadamente complejas, con millones de sujetos interactuando y con medidas y planes muchas veces diseñados por gente incompetente o decididamente dispuesta a engañar a la población para obtener votos.

El pensamiento crítico debe así expandirse a estas ciencias sociales, examinando sus contenidos (teorías, hipótesis y axiomas) y las acciones llevadas a cabo por los economistas, políticos y por los gobiernos en conjunto, las cuales, permítaseme la insistencia, afectan a miles de millones de personas.

Mario Bunge lo señaló con firmeza cuando estuvo en Buenos Aires y brindó su conferencia titulada “Una mirada escéptica hacia los escépticos” (Ver página 18). Puede que muchos no estén de acuerdo con Bunge respecto de su ideología y de sus opiniones, pero creo que el acuerdo es casi unánime cuando se plantea que el campo de batalla se ha corrido ahora a temas más urgentes e importantes.

Ya que estamos en tren de acometer la tarea de aplicar el pensamiento crítico a todo el quehacer humano, pues hagámoslo. ¿Cómo? No va a ser fácil y va a desatar acalorados debates. Si para refutar a la astrología debemos estar —entre otras cosas— al tanto de la ciencia astronómica (por poner sólo un ejemplo), para refutar una teoría económica deberemos estar formados e informados. Para afirmar que un determinado plan político sobre, digamos, cuestiones relativas a la educación o a la salud no es aconsejable, tendremos que tener las herramientas para justificarlo.

Mientras el lector se queda reflexionando, espero que proliferen los aportes valiosos en este campo, aunque provengan de sectores antagónicos.

Me queda solamente desearles que disfruten de este número, que contiene variado material.

¡Hasta la próxima!