Controversia

Fumadores pasivos: desacuerdo entre los científicos

¿Exageran las organizaciones antitabaco los riesgos de los fumadores pasivos? Desde que se dio a conocer el informe del Surgeon General de los Estados Unidos en 2006, las municipalidades de ese país han establecido regulaciones que prohíben fumar en bares, restaurantes y otros lugares públicos, algunos de ellos al aire libre, y en algunos casos, hasta en lugares considerados privados, como edificios de departamentos y automóviles. Lo justifican basados en la conclusión del Surgeon General, que postula que “la evidencia científica indica que no existe un nivel de inhalación del humo exhalado por los fumadores que no sea nocivo”.

Pero algunos investigadores y analistas tienen dudas al respecto, especialmente cuando se trata de una exposición breve. El Surgeon General “sugiere, engañosamente, que una breve exposición es suficiente para causar un ataque al corazón”, comenta Michael Siegel, médico e investigador sobre el tabaco de la Universidad de Boston. “Algunos grupos que combaten el uso del tabaco han tratado de convencer a la gente que corre el riesgo de morir súbitamente al caminar por la calle expuesta al humo exhalado por los fumadores y al escape de los autobuses”.

No hay duda de que la exposición continua al humo es peligrosa y Siegel está de acuerdo. Se estima que 49.000 estadounidenses fumadores pasivos mueren anualmente por la inhalación del humo exhalado por los fumadores, y las cifras mundiales llegan a los 500.000 —una de las diez muertes relacionadas al tabaco. Según un estudio mundial reciente realizado por Heather Wipfli y sus colegas del John Hopkins Bloomberg School of Public Health, los más afectados son las mujeres y los niños, y el riesgo es trece veces mayor en los hogares en que se fuma dentro de la casa. Mientras en Estados Unidos la exposición al humo exhalado por los fumadores ha disminuido en un 70 por ciento desde fines de la década de 1980, la inhalación está aumentando a medida que aumenta la costumbre de fumar en otros países del mundo. En China, el 70% de los hombres ahora fuma.

Sin embargo, opina Siegel, el peligro de bajos niveles de exposición al humo exhalado por los fumadores ha sido exagerado por los grupos antitabaco y por el gobierno, y no cree que exista suficiente evidencia científica para probarlo. En un artículo reciente publicado en Epidemiologic Perspectives and Innovations, y en su propio blog, Siegel documenta decenas de declaraciones hechas por grupos como Americans for Nonsmokers’ Rights, que se repiten con frecuencia y carecen de sustento científico importante. “Con lo que no estoy de acuerdo es con que la exposición de una persona sana al humo exhalado por los fumadores pueda causar problemas cardíacos o ataques al corazón”. Siegel afirma que el riesgo sólo afecta a los niños pequeños, y a la gente con asma o afecciones cardíacas serias. Sería mejor si esta gente, sostiene Siegel, se cuidara las arterias evitando la grasa de las fast foods (comidas rápidas), en lugar de tratar de evitar las consecuencias del humo exhalado por los fumadores.

“No estoy de acuerdo” dice Cynthia Hallett, de Americans for Nonsmokers’s Rights. “Nosotros basamos nuestra investigación en el informe del Surgeon General”. Hallett admite que no todos corren riesgos por la exposición breve al humo exhalado por los fumadores. “Pero ¿qué le diría uno al paciente cardíaco crónico o a aquellos muy susceptibles?”

Un estudio sobre los fumadores pasivos japoneses, aparecido en el Journal of the American Medical Association en 2001, causó cierta confusión. Sus autores, Ryo Otsuka y sus colegas en la Osaka City University Medical Shool, afirman que 30 minutos de exposición al humo exhalado por los fumadores no altera el pulso ni la presión sanguínea, ni la presión media arterial, pero sí baja la velocidad del flujo de reserva coronario, o sea, la proporción entre la máxima velocidad de flujo coronario y la basal, reduciéndola en un cuarto en los fumadores pasivos expuestos. Pero para Siegel esto sólo significa que las células endoteliales que cubren la arteria coronaria muestran una cierta disfunción y no una disminución real del flujo de sangre al corazón.

Siegel no cuenta con la aprobación de la comunidad científica en su totalidad, aunque sus investigaciones han sido subsidiadas por el National Cancer Institute y el Flight Attendant Medical Research Institute. Nunca ha recibido subsidios de la industria del tabaco. “Para mí este hombre no está en su sano juicio”, comentó Stanton Glantz, profesor de medicina y director del Center for Tobacco Control Research de la Universidad de California, en San Francisco. “Nadie dijo que si uno pasa caminando al lado de un fumador, muere súbitamente. Está haciendo lo mismo que hacían las compañías de tabaco.”

Se ha demostrado que los efectos de bajos niveles de exposición al humo que exhalan los fumadores causan la acumulación de placa aterosclerótica, dijo Glantz. En un adulto sano. La función de las plaquetas, las células en la sangre responsables de la coagulación, puede cambiar con sólo treinta minutos de exposición. Se ha encontrado que veinticuatro horas más tarde las plaquetas no habían retornado aún a su nivel basal de funcionamiento. “No está claro por qué la exposición breve es tan importante”, afirmó Glantz.

Pero Siegel alega que el proceso toma décadas, no años, y mucho menos minutos. “Es muy raro ver ataques al corazón en jóvenes de 20 años aunque sean fumadores”. Y tiene sus dudas respecto a estudios que muestran que los ataques al corazón disminuyeron en forma drástica como resultado de la prohibición de fumar en restaurants y bares en algunas municipalidades. La revista Circulation publicó un estudio reciente realizado por investigadores italianos, quienes encontraron una reducción del 11,2 por ciento de ataques coronarios agudos en personas de 35 a 64 años de edad después de la prohibición de fumar en lugares públicos, promulgada en enero del 2005, a escala nacional.

Pero Siegel expresa que los ataques al corazón en Italia habían comenzado a disminuir antes de la prohibición en alrededor del 6 por ciento anual, el mismo porcentaje que se registró después de la prohibición. Francisco Forastiere, del Departamento de Epidemiología del Instituto Superiore de Sanitá en Roma, admite que el estudio tiene sus limitaciones, especialmente la falta de un grupo de control sin la prohibición de fumar, pero comenta que después del control de las variables, el índice de disminución es importante.

Ya nadie duda, ni siquiera el Dr. Siegel, que el humo exhalado por los fumadores es peligroso, especialmente para personas en ciertas condiciones y para los que están continuamente expuestos a él. Los riesgos son mucho mayores en términos de problemas cardíacos que en términos de cáncer de pulmón. Es posible que la decisión de eliminar el humo de los fumadores en lugares públicos y al aire libre tenga más que ver con consideraciones estéticas que científicas.


Este artículo fue originalmente publicado en la revista Skeptical Inquirer, Volume 32, No.5, September/October 2008. Traducido por Liliana Dufour.