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Extractos del informe del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC)

Las concentraciones atmosféricas globales de dióxido de carbono, metano y óxido nitroso se han incrementado notablemente como resultado de las actividades humanas desde 1750 y ahora exceden largamente los valores preindustriales determinados a partir del examen de los núcleos helados que se han expandido durante muchos miles de años. Los aumentos globales de las concentraciones de dióxido de carbono se deben principalmente al uso de combustibles fósiles y al cambio del uso del suelo, mientras que los del metano y del óxido nitroso se deben a la agricultura.

El dióxido de carbono es el más importante gas de efecto invernadero antropogénico. La concentración atmosférica global de dióxido de carbono ha aumentado desde un valor preindustrial de alrededor de 280 ppm hasta 379 ppm en 2005. La concentración atmosférica de dióxido de carbono en 2005 excede por lejos el rango natural de los últimos 650 mil años (180 a 300 ppm), como ha sido determinado a partir de los núcleos de hielo. La tasa de crecimiento de la concentración anual de dióxido de carbono fue más grande durante los últimos diez años (promedio 1995-2005: 1,9 ppm por año) que lo que ha sido desde el comienzo de las mediciones atmosféricas continuas y directas (promedio 1960-2005: 1,4 ppm por año), aunque de año en año hay variabilidad en las tasas de crecimiento.

La fuente primaria del incremento de la concentración atmosférica de dióxido de carbono desde el período preindustrial proviene del uso de combustible fósil, mientras que el cambio del uso del suelo provee una contribución significativa, aunque más pequeña.

La comprensión del calentamiento antropogénico y las influencias refrigerantes sobre el clima han mejorado desde el tercer informe evaluativo (TAR, en inglés), lo cual nos lleva a considerar con un alto grado de confianza que el efecto neto global promedio de las actividades humanas desde 1750 ha producido un calentamiento.

La fuerza combinada de irradiación debida a los incrementos de dióxido de carbono, de metano y de óxido nitroso es +2,30 Wm-2, y su tasa de incremento durante la era industrial muy probablemente no haya tenido precedentes en más de 10.000 años. La fuerza de irradiación del dióxido de carbono aumentó un 20 por ciento desde 1995 a 2005, constituyendo el cambio más grande producido en cualquier década al menos en los últimos doscientos años.

La contribución antropogénica de los aerosoles (básicamente sulfatos, carbono orgánico, carbón, nitrato y polvo) en conjunto producen un efecto refrigerante, con una fuerza de irradiación directa total de –0,5 Wm-2 y una fuerza indirecta de las nubes reflejantes de –0,7 Wm-2. Estas fuerzas se comprenden hoy mejor que en la época del TAR debido a un satélite mejorado in situ, y medidas de la superficie y un modelo más exhaustivo, pero todavía hay dudas en cuanto a la fuerza radiante. Los aerosoles también influyen en la duración de las nubes y de las precipitaciones.

Observaciones directas del cambio climático reciente

Desde el TAR, el progreso y la comprensión de cómo el clima está cambiando en el espacio y en el tiempo han sido obtenidos a través de las mejoras y ampliaciones de numerosos conjuntos y análisis de datos, una cobertura geográfica más amplia, una mejor compresión de las dudas existentes en una variedad más amplia de mediciones. El incremento de observaciones exhaustivas se obtiene de los glaciares y de las capas de nieve desde los años ‘60, y del nivel del mar y las capas heladas desde la década pasada. No obstante, la cobertura de datos permanece limitada en algunas regiones.

El calentamiento del sistema climático es inequívoco, como lo demuestran las observaciones de los incrementos en las temperaturas globales promedio del aire y de los océanos, los derretimientos de la nieve y el hielo y el creciente promedio en el nivel global del mar.

Once de los últimos doce años (1995-2006) se ubican entre los doce años más cálidos en el registro instrumental de la temperatura global de la superficie (desde 1850). La tendencia actualizada de los cien años que van desde 1906 hasta 2005, de 0,74 oC, es de esta manera mayor que la de 0,6 oC, correspondiente al período 1901-2000 mostrada en el TAR.

La tendencia lineal de calentamiento de los últimos cincuenta años (0,13 oC por década) casi duplica a la de los últimos 100 años. El incremento total de la temperatura desde 1850-1899 hasta 2001-2005 es de 0,76 oC. Los efectos del calor urbano son reales, pero locales, y tienen una influencia despreciable (menos de 0,006 oC por década en la tierra y cero en los océanos) sobre estos valores.

Nuevos análisis provenientes de globos aerostáticos y mediciones satelitales de la temperatura de las troposferas baja y media muestran valores similares a los de los registros de temperaturas terrestres y son consistentes dentro de sus respectivas indeterminaciones, reconciliando notablemente las discrepancias apreciadas en el TAR.

El contenido atmosférico promedio de vapor de agua ha aumentado, por lo menos desde la década de 1980, en la tierra y los océanos como así también en la troposfera alta. El incremento es ampliamente consistente con el vapor de agua extra que el aire cálido puede contener.

Las observaciones realizadas desde 1961 muestran que la temperatura promedio global de los océanos se ha incrementado a profundidades de por lo menos 3.000 metros y que los océanos han estado absorbiendo más del 80 por ciento del calor agregado al sistema climático. Este calentamiento causa la expansión del agua de mar, contribuyendo a la elevación del nivel del mar.

En ambos hemisferios, los glaciares montañosos y las capas de nieve en promedio han disminuido. Estas bajas en los glaciares y en las capas de nieve han contribuido con la elevación del nivel del mar (las capas de hielo no incluyen las contribuciones provenientes de las capas de nieve de Groenlandia y de la Antártida).

Desde el TAR hasta ahora, nuevos datos muestran que es muy probable que las pérdidas de las capas de hielo de Groenlandia y la Antártida hayan contribuido a la elevación del nivel del mar. La velocidad de flujo ha aumentado en algunos glaciares de desagüe de Groenlandia y la Antártida, que drenan hielo desde el interior de las capas de hielo. A la correspondiente pérdida de masa de las capas de hielo le ha seguido a menudo una disminución, reducción, o pérdida de plataformas de hielo o de extensiones glaciares flotantes. Tal pérdida dinámica de hielo es suficiente para explicar la mayoría de la pérdida de hielo en la Antártida y aproximadamente la mitad de la disminución neta en Groenlandia. El resto de la pérdida de hielo en Groenlandia ha ocurrido porque las disminuciones debidas al derretimiento han excedido a la acumulación debida a las nevadas.

El promedio global de elevación del nivel del mar alcanzó una tasa media de 1,8 mm por año desde 1961 hasta 2003. El ritmo fue más rápido de 1993 a 2003, aproximadamente 3,1 mm por año. No está claro si este aumento (de 1993 a 2003) refleja una variabilidad específica de la década o una tendencia de incremento a más largo plazo. Existe gran confianza en que la tasa de la elevación del nivel del mar observada aumentó del siglo XIX al siglo XX. El aumento total del siglo XX se estima en 0,17 metros.

Para el período 1993-2003, la suma de las contribuciones del clima es consistente, dentro de las incertidumbres, con la elevación total del nivel del mar observada en forma directa. Estas estimaciones se basan en satélites mejorados y en datos in situ que ahora se encuentran disponibles. Para el período mencionado, se estima que la suma de las contribuciones del clima es menor que la elevación observada en el nivel del mar. El TAR informó una discrepancia similar para el período 1910-1990.

Se han observado numerosos cambios en el clima a largo plazo a escalas continentales, regionales y en cuencas oceánicas. Éstos incluyen cambios en las temperaturas y hielos árticos, cambios generalizados en la cantidad de precipitaciones, salinidad de los océanos, patrones del viento, y aspectos de tiempo extremo que incluyen sequías, precipitaciones densas, olas de calor, e intensidad de los ciclones tropicales.

Las temperaturas promedio del Ártico aumentaron casi el doble comparándolas con el promedio global de los últimos 100 años. Las temperaturas del Ártico tienen gran variabilidad en una década, y también se observó un período cálido entre 1925 y 1945.

Desde 1978 los datos satelitales muestran que el promedio anual de la extensión de hielo del mar Ártico disminuyó a razón de un 2,7 por ciento por década, con grandes descensos de 7,4 por ciento por década en el verano. Estos valores son consistentes con los que informa el TAR.

La frecuencia de lluvias fuertes ha aumentado en la mayoría de las áreas de tierra firme, lo cual es consistente con los aumentos observados del vapor de agua atmosférico.

Se observaron cambios generalizados en temperaturas extremas en los últimos cincuenta años. Los días y las noches frías y las heladas son menos frecuentes, mientras que los días y noches cálidas y olas de calor son más frecuentes.

La información paleoclimática apoya la interpretación de que el calor del último medio siglo es inusual por lo menos en los 1.300 años previos. La última vez que las regiones polares fueron significativamente más cálidas que en el presente durante un período extendido (hace aproximadamente 125.000 años), las reducciones en el volumen de hielo polar llevaron a una elevación del nivel del mar de entre 4 y 6 metros.

Es muy probable que la mayoría de los aumentos observados en las temperaturas globales promedio desde la mitad del siglo XX se deban al incremento observado en las concentraciones de gases invernadero antropogénicos. Esto es un progreso teniendo en cuenta la conclusión del TAR que decía que “es probable que la mayor parte del calentamiento observado en los últimos cincuenta años se deba al aumento de las concentraciones de gases invernadero”. Las influencias humanas perceptibles se extienden ahora a otros aspectos del clima, incluyendo el calentamiento de los océanos, las temperaturas continentales promedio, las temperaturas extremas y los patrones de viento.

Es probable que solamente los aumentos en las concentraciones de gases invernadero hubieran causado más calentamiento que el observado porque los volcanes y los aerosoles antropogénicos han contrarrestado parte del calentamiento que, de otra manera, habría tenido lugar.

El calentamiento generalizado de la atmósfera y de los océanos observados, junto con la pérdida de masas de hielo, apoyan la conclusión de que es extremadamente improbable que el cambio climático global de los últimos cincuenta años pueda explicarse sin intervención de fuerzas externas, y que es muy probable que no se deba sólo a causas naturales conocidas.

Artículo original publicado en The Skeptical Inquirer, Vol. 31