Reseñas

El último espasmo del gurú de los fantasmas

screen-shot-2016-11-23-at-4-00-24-pmFantasmas y casas embrujadas de Chile. Por César Parra. Editorial RIL, Santiago, Chile, 2008. 238 páginas.


En la última Feria del Libro de Santiago, el escritor César Parra se paseaba seguido por una decena de admiradores, ganados a costa de un libro lleno de historias entretenidas (Guía mágica de Santiago) y numerosas apariciones en televisión defendiendo los supuestos fenómenos paranormales. Digamos que Parra es algo así como el gurú de quienes creen en fantasmas, duendes, casas embrujadas y cosas parecidas. Teniendo muy claro eso, su editorial lanzó en plena Feria el segundo libro de este difusor de asuntos misteriosos: Fantasmas y casas embrujadas de Chile, un candidato a best seller si sigue en la senda de su antecesor.

Pero quizás valga la pena apuntar algunos detalles antes de partir corriendo a comprarlo. Primero, para decirlo sutilmente, no está a la altura de las circunstancias. Está bien, se apuraron en editarlo: se hacía imperioso aprovechar el impulso de la feria literaria. Quizás era imprescindible publicarlo ahora que Parra aparece cada tanto en televisión contando historias de cementerios malditos, duendes malévolos y citando a autores extranjeros como si los manejara al dedillo. Pero… vaya, qué pena tener que decir que la apuesta salió mal.

A saber: conozco a Parra lo suficiente como para que me regalara el libro. Supimos el uno del otro luego de que lo acusáramos, en el extinto boletín La Nave de los Locos, de plagio. Reconoció su error, según él, involuntario. Después de eso hemos mantenido buenas relaciones, aunque caminando en veredas diametralmente opuestas, veredas que tras “Fantasmas y casas…” nunca volverán a toparse otra vez.

El libro promete historias de fantasmas, de casas embrujadas —lo dice el título, sin ir más lejos—, pero también de seres con ojos rojos que lanzan fuego, hombres alados y toda suerte de rarezas. Sin embargo, se trata de una compilación desesperada, desordenada, caótica, repetitiva y carente de rigor en todo el sentido de la palabra. No hay ni un solo comentario crítico ante las historias que nos dispara el autor, tan solo un “cortar y pegar” de correos que algunas personas le enviaron tras leer el primer libro. Hay extractos de artículos sobre apariciones espectrales que muchas veces no citan su fuente original y parecen escritos por Parra, cuando sabemos que no lo son.

La edición de la obra, apurada y sin criterio, hace que uno lea en una página párrafos idénticos a los leídos dos hojas antes. Se pasa de un caso a otro sin que haya conexión alguna. La lectura se torna farragosa, lenta y hasta tortuosa, porque aparte de la clasificación de casos por regiones de Chile, no existe intervención alguna del autor. Incluso en algunos momentos se habla de fotografías “adjuntas” que, por supuesto, no están en ninguna parte del libro. En otras el copy-paste es tan flagrante que ni siquiera cambian las fechas (se habla de “ayer”, como si esto fuera un diario). El capítulo final es una colección de textos escritos para un blog. Ni de editarlo se preocuparon.

En una parte Parra asegura que “Santiago está más embrujado que la misma ciudad de Londres”. ¿Está embrujada Londres? Vaya. Luego asegura que los fenómenos paranormales son tan habituales que duda que exista un lector que no haya vivido al menos dos en su vida. Posteriormente aclara que la ciencia no sirve para estudiar estos casos. Sobre la marcha, se desvive citando a John Keel, el periodista que inventó al “hombre polilla” en Estados Unidos, pero está claro que no lo ha leído. Si así hubiera sido, podría haber encontrado insospechadas conexiones entre los casos que tiene en sus manos y los que publica Keel en sus libros.

Una obra donde se mezclan sin juicio alguno chupacabras, leyendas urbanas, OVNIs, fantasmas, seres que caminan y al rato vuelan, aves que parecen cóndores pero no son cóndores pese a que vuelan como tales y toda suerte de anécdotas —a veces sin siquiera identificar a la persona que las narra— no puede ser tomada en serio. Por si fuera poco, carece de notas bibliográficas y nunca se dan fechas exactas.

Al final de su libro, Parra despacha de un plumazo la Navaja de Occam, insinúa un vínculo entre ser escéptico y ser cínico, y termina diciendo que seguramente su libro será útil para contar historias de fantasmas en las fogatas. En realidad ni para eso está el libro, César.