Editorial

El relativismo muere si se mira a sí mismo

Apesar del relativismo campante en estos días, al menos poseemos una verdad: si el relativismo es cierto, nada es cierto. Los intelectuales posmodernos han arribado a la conclusión de que no hay verdades absolutas, con lo cual, cavan su propia tumba: si se esgrime que no hay verdades absolutas, se está esgrimiendo —valga la redundancia— una verdad absoluta. Cuando el relativismo se mira en el espejo, no puede sobrevivir. El artículo principal de este número, a cargo de Hernán Toro, se ocupa del asunto. No es trivial ni simple: encierra graves interrogantes y serias fallas en el pensamiento “alternativo” o posmoderno.

Es notable la corriente, ya no pseudocientífica, sino anticientífica que vivimos en estos días. A pesar del progreso en el conocimiento de la realidad, nunca podremos reconocerlo si decidimos arbitrariamente que existen “varias realidades”. La propuesta del relativismo epistemológico y cultural es pues una suerte de giro pseudointelectual, remanido, aburrido, inútil y estéril a la hora de evaluar la utilidad del progreso científico. Tal como lo describe Hernán Toro, los relativistas se comportan como objetivistas y universalistas cuando se desenvuelven en la vida real. La realidad no es un “constructo”, ni un texto para ser “deconstruido”. Se alzarán voces de protesta, pero, en la vida cotidiana, un relativista se comporta contrariamente a lo que manifiesta: paga sus cuentas, conduce autos, viaja en avión, va al médico cuando tiene dudas sobre su salud, y acude al conocimiento científico (que tanto detesta) cuando le hace falta, o las urgencias queman.

En este número el lector podrá encontrar una interesante entrevista a Margherita Hack, un valiente y acertado análisis de Jorge Alfonso Ramírez sobre las idas y vueltas de Benedicto XVI, una revisión del famoso “Chupacabras” a cargo de Diego Zúñiga, más las “Noticias Locales” y las “Pastillas” que suelen aderezar nuestra publicación.

Corona este número, la excelente reseña de Carlos Colombo sobre el libro de Victor Stenger, “Dios, la hipótesis fallida”, libro que pide a gritos ser traducido al castellano.

Espero que el lector disfrute de esta entrega.

¡Hasta el próximo número!