Contracorriente

El libro negro del psicoanálisis

Elibronegro_coverBAJO LA DIRECCIÓN DE CATHERINE MEYER Y CON LA COLABORACIÓN DE MIKEL BORCH-JACOBSEN, JEAN COTTRAUX, DIDIER PLEUX Y JACQUES VAN RILLAER, ENTRE OTROS, LA EDITORIAL SUDAMERICANA HA EDITADO LA VERSIÓN CASTELLANA DE EL LIBRO NEGRO DEL PSICOANÁLISIS. SI BIEN PODRÍAMOS HABER INCLUIDO ESTA REVISIÓN EN LA SECCIÓN “RESEÑAS”, DECIDIMOS PUBLICARLA EN ESTA COLUMNA: HACE MÁS DE UN SIGLO QUE EL PSICOANÁLISIS REMA A CONTRACORRIENTE DEL CONOCIMIENTO CIENTÍFICO.


Pese a que ya se habían escrito excelentes trabajos de refutación del psicoanálisis1, El libro negro del psicoanálisis: vivir, pensar y estar mejor sin Freud es el que provocó las reacciones más violentas por parte de los psicoanalistas, a tal punto que Jacques-Alain Miller —yerno de Jacques Lacan y fundador de la Asociación Mundial de Psicoanálisis— escribió El Anti-libro negro del psicoanálisis como réplica “desde el psicoanálisis”.

Cuando El libro negro fue publicado en Francia hace dos años, (su edición en español es muy reciente) acababa de producirse uno de los más extraordinarios escándalos inquisitoriales de la “historia psi”, que refleja el modo de pensar y obrar de los psicoanalistas fundamentalistas (no todos los seguidores de Freud lo aprobaron).

La Dirección General de Salud de Francia y dos asociaciones de pacientes (la UNFAM y la FNAPSY) solicitaron que se evaluara la eficacia de diferentes psicoterapias ya que los pacientes tenían el derecho de conocer la pertinencia y validez de las terapias que se les aplicara según las afecciones psíquicas que sufrieran. Así surgió el informe del Institut Nacional de la Santé et de la Recherche Medicále (INSERM) titulado Tres terapias evaluadas(terapia cognitivo conductual o TCC, terapias breves de inspiración psicoanalítica y terapias familiares)2. Los resultados fueron similares a los que se habían obtenido en los informes de la Organización Mundial de la Salud en 19933, los del Departamento de Salud británico en 19954 y en los EE UU en 20015, que probaban la eficacia de la TCC en quince de los dieciséis tipos de trastornos psíquicos evaluados, la de la terapia familiar en cinco y la de la psicoterapia analítica breve en sólo uno (compartido con la TCC).

El trabajo del INSERM fue publicado en la web del Ministerio de Salud ya que había sido aprobado por el director general de Salud, pero un año después el ministro de esa cartera, Douste-Blazy, anunció en un encuentro en la escuela lacaniana de la Causa Freudiana —que preside el psicoanalista Miller—, que el informe sería retirado de la web del Ministerio porque “el sufrimiento psíquico no es evaluable”(¡!).

Obviamente, el director de Salud —no el ministro— renunció y se armó un enorme escándalo con acusaciones cruzadas entre ambos bandos y en diversos medios. Durante la controversia se editó El libro negro y enfureció aún más a los fieles de Lacan y Freud, que acusaban a los autores de estar al servicio de laboratorios farmacéuticos y de las terapias de condicionamiento. La supresión perpetrada por los fundamentalistas del psicoanálisis (la Asociación Psicoanalítica Internacional enfrentada a los lacanianos había objetado el informe pero se opuso al “secuestro” realizado por los franceses) terminó cuando el extenso trabajo de más de 500 páginas fue restablecido en la web del Ministerio de Salud de Francia. Todo este episodio revelador está narrado por uno de sus protagonistas en Le livre noir.

El texto —de 650 páginas— está dirigido al público no especializado y se lee con avidez debido a sus sorprendentes revelaciones, claridad, documentación fehaciente y contundencia argumentativa. Reúne artículos de 40 especialistas (psiquiatras, filósofos, psicólogos, historiadores de la ciencia) conocedores de la obra freudiana.

La primera parte, La cara oculta de la historia freudiana, se centra en la revisión histórica, a la luz de los textos freudianos, de las mil cartas escritas por Freud que se encuentran en la Biblioteca del Congreso en Washington (hasta el año 2000 sólo se tenía acceso público al 20 por ciento de dicha correspondencia), y de los cuadernos de notas de las sesiones clínicas del creador del psicoanálisis.

De esta manera lograron desmontar varios mitos respecto a su infalibilidad terapéutica y honestidad intelectual. Podemos así saber que Anna O. (Berta Pappenheim), la paciente tratada por el mentor de Freud, Josef Breuer, cuyo caso devino para muchos en la base de los principios técnicos del psicoanálisis, lejos de remitir sus síntomas histéricos como asegura el mago vienés en Estudios sobre la histeria, debió ser internada luego de la interrupción de su tratamiento y aborrecía todo aquello que tuviera que ver con dicha práctica. También se informa del desastroso tratamiento que Freud realizó a un morfinómano sustituyendo esa adicción por la habituación a la cocaína (a la cual Sigmund creía beneficiosa y que consumió varias veces).

Conocemos ahora pormenores de los más célebres casos tratados por Freud y sus paupérrimos resultados gracias a la comparación con sus notas y correspondencia. Algo muy diferente a lo que asegura en sus escritos “oficiales”.

¿Por qué el psicoanálisis tuvo tanto éxito?, segunda parte del libro, se dedica a explicarlo desde un punto de vista sociohistórico. Analiza el caso particular del psicoanálisis lacaniano francés, su naturaleza “todo terreno” (el filósofo Mikel Borch- Jacobsen reflexiona sagazmente que “si la validez de una teoría se mide con la vara de su éxito cultural, deberíamos tener en cuenta las distintas religiones entre las teorías científicas”), la habilidad para anular las críticas afirmando una cosa y lo contrario según convenga y la existencia de un doble discurso psicoanalítico: uno dirigido a los profanos no preparados aún para “aceptar” las verdades del inconsciente y otro expuesto en congresos y publicaciones psicoanalíticas.

La tercera parte, —El psicoanálisis frente a sus impasses— es, a mi entender, la más jugosa ya que allí se lleva a cabo un análisis epistemológico de la práctica analítica revelando su carácter de pseudociencia. Karl Popper consideraba que los postulados psicoanalíticos no eran falsables por su carácter metafísico; Adolf Grumbaun, en cambio sostiene que son pasibles de refutación y, por su parte, Frank Cioffi hace hincapié en la mala fe de Freud y de sus seguidores.

Se recuerda que “la cura” es definida de diversas maneras según se sostenga una postura freudiana, junguiana, kleiniana, adleriana o lacaniana, y que para algunos psicoanalistas el psicoanálisis es una terapia (es decir, que cura “resolviendo el complejo de Edipo” o “por añadidura, al reconocer las fantasías inconcientes que sostienen al sujeto”, como afirma Lacan) pero para otros es “conocimiento de sí mismo” o es interminable, como suscribe el propio Freud en Análisis terminable e interminable.

Se pulveriza la ficción de la “neutralidad del analista” ante las asociaciones “libres” del paciente demostrando cómo era el mismo Freud, quien sugería (implantaba) los recuerdos traumáticos, las fantasías de seducción, los complejos de naturaleza sexual o las manifestaciones de las pulsiones de vida o de muerte según fuera cambiando el aspecto teórico que lo entusiasmara. Lo mismo puede decirse de los pacientes de Lacan o de Jung (que producían material acorde a las expectativas de los analistas).

Es de particular interés el capítulo dedicado a investigar los trucos dialécticos que utilizan los psicoanalistas para salir inmunes de cualquier crítica desfavorable.

La cuarta parte está dedicada a Las víctimas del psicoanálisis, sean casos particulares o los niños y sus madres en general. Es de destacar el catastrófico efecto producido por el psicoanálisis en el tratamiento de autistas y drogodependientes.

La quinta y última parte aborda las alternativas que existen al psicoanálisis desde un punto de vista terapéutico: se revisan así las terapias cognitivas de Albert Ellis y Aaron Beck, la terapia cognitivo conductual, la terapia de pareja sin elementos freudianos y la revolución que entrañan las neurociencias para las psicoterapias. Se denuncia la falaz demonización que se ha hecho de los medicamentos psicofarmacológicos confundiendo adrede el mal uso que a veces se hace apelando a teorías conspiranoicas, y se subraya la importancia científica del análisis neurofisiológico de los sueños que ha realizado Michel Jouvet, desmontando la interpretación freudiana como “realización alucinatoria de deseos sexuales reprimidos”.

En definitiva, nos encontramos ante un gran libro. Una verdadera joya que será de gran ayuda en la desmitificación de una de las pseudociencias de mayor impacto en la cultura popular mundial (y desgraciadamente con mucha influencia en los sistemas de salud de países como Francia y Argentina).


Notas

  1. Eysenck, H. Decadencia y caída del imperio freudiano, Barcelona: Nuevo Arte Thor, 1985 y Van Rillaer, Jacques, Las ilusiones del psicoanálisis, Barcelona, Ed.Ariel, 1985.
  2. INSERM. Psychothérapie: Trois approaches évaluées, Expertise Collective INSERM (Canceil, Cottraux, Falissard, Flament, Miermont, Swendsen, Terani & Thurin), INSERM, 2004, 553p. [enlace]
  3. Sartorius, De Girolamo, Andrews, German & Eisenberg. Treatment of mental disorders. A review of effectiveness, Washington, WHO, American Psychiatric Press, 1993.
  4. Treatment choice in psychological therapies and counselling. Evidence based practice guideline. Department of Health, London, 2001 [enlace]
  5. Chambless, D.L. & Ollendick, T.H., 2001. Empirically supported psychological interventions: controversies and evidence. Annual Review of Psychology, 52, 685-716. [enlace]