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El cambio climático global desencadenado por el calentamiento global, Parte I

Introducción

En los últimos años se ha acumulado rápidamente evidencia convincente de que el clima de la Tierra está experimentando cambios —en algunos casos alarmantes— especialmente durante las tres décadas pasadas.

La mayoría de los climatólogos consideran que la última década del siglo XX ha sido la más cálida del milenio pasado (Albritton et al., 2001). Recientemente, han habido observaciones que sugieren que el 2005 ha sido el año más cálido del que se tenga registro. Los rápidos aumentos de la temperatura en el Ártico ya han producido una reducción significativa del hielo del Mar Ártico (Fisher et al., 2006). La reducción del hielo marino disminuye el reflejo e incrementa la absorción de la luz solar en el Ártico, un proceso casi desbocado que amplifica aún más el calentamiento global. La investigación reciente ha demostrado que el balance energético de la Tierra es inestable, con más energía capturada del sol de la que es actualmente irradiada de vuelta al espacio (Hansen et al., 2005). Esto hace que el calentamiento global sea inevitable. Ello no se debe a ningún aumento mensurable en la energía solar entrante, sino a un incremento en la cantidad de energía capturada y retenida por la Tierra.

Los glaciares se están derritiendo rápidamente (Albritton et al., 2001), y la pérdida neta de hielo hacia el mar en Groenlandia (Chen, Wilson, y Tapley, 2006; Dowdeswell, 2006) y, más recientemente en la Antártida (Alley et al., 2005; Hodgson et al., 2006; Overpeck et al., 2006) es alarmante. Los aumentos medidos en el agua derretida de las subcapas de hielo están lubricando y acelerando el flujo de este hielo hacia los océanos. Esto no solamente aumenta la media (promedio) del nivel del mar, que ya ha comenzado, sino que podría modificar los patrones actuales de la circulación global oceánica, un importante regulador del clima. Los océanos son también una gran fuente para quitar el dióxido de carbono de la atmósfera (Sarmiento y Wofsy, 1999). Debido a que la concentración atmosférica de dióxido de carbono continúa en ascenso, parece que está comprometido un equilibrio largamente establecido, y hay evidencia de que este proceso de absorción está comenzando a saturarse (McAvaney et al., 2001).

Los efectos de estos importantes cambios en los océanos, los cuales sabemos que han ocurrido en paleoclimas previos, serían catastróficos si una fracción significativa de las capas de hielo de Groenlandia o, mucho peor, de la Antártida, se derritieran. Un cálculo simple muestra que si se derritiera sólo el agua congelada de las capas de hielo de Groenlandia, podría aumentar aproximadamente siete metros el nivel global del mar. Este aumento podría ser independiente del efecto de las altas temperaturas que producen el calentamiento de la superficie oceánica que, al disminuir su densidad, podría elevar todavía más el nivel del mar, proceso ya iniciado.

Aunque los grandes cambios en los océanos podrían ser perfectamente la consecuencia más alarmante del calentamiento global para nuestra civilización, hay muchos otros efectos peligrosos conocidos que están bien documentados. Algunos de éstos serán reseñados brevemente más abajo, en nuestra evaluación sobre los costos y posibles beneficios del calentamiento global.

La conclusión de que hay un calentamiento significativo de la superficie terrestre no se basa primordialmente en modelos teóricos, aunque dichos modelos de hecho cada vez tienen más éxito al replicar las bases de datos existentes. Por el contrario, el cambio climático es un hecho confirmado por un enorme cuerpo de observaciones provenientes de muchas fuentes diferentes. Ciertamente, el foco de la investigación ha cambiado: de los intentos por establecer la existencia del calentamiento global hacia los esfuerzos por determinar sus causas.

Hay una pequeña cantidad de científicos que afirman que la tendencia del calentamiento actual puede no hallarse principalmente en la actividad humana. En este documento consideramos sus argumentos. Además, pueden haberse cometido algunos errores en el análisis de aquellos colegas cuya posición favorece la actividad antropogénica (causada por el ser humano) como causante de los cambios. El trabajo de estos críticos es útil, y muestra la forma en que procede —y debería proceder— la ciencia. Sin embargo, inclusive dichos críticos ya no niegan la realidad del calentamiento global y la actual aceleración del cambio climático.

Dadas las muchas consecuencias serias que ciertamente se seguirán del cambio climático, nos vemos llevados a hacernos tres preguntas relevantes con respecto a cualquier iniciativa política que se proponga para abordar el calentamiento global.

¿Cuál es balance entre los posibles beneficios que aportaría el calentamiento global y los efectos dañinos conocidos?
¿Cuáles son las causas más probables del súbito aumento actual de la temperatura media de la superficie terrestre?
¿Qué puede hacerse para mitigar el calentamiento global y el cambio climático resultante?

En las siguientes tres secciones de este documento abordaremos estas preguntas.

Posibles beneficios vs. efectos dañinos conocidos

Quienes son reacios a iniciar programas para abordar los efectos dañinos del cambio climático señalan frecuentemente que también pueden existir beneficios provenientes del calentamiento global. Ya que algunas alteraciones en las actividades actuales serían inevitables bajo cualquier programa de cambio, estos posibles beneficios deben ser examinados y comparados con los efectos perjudiciales que ocurrirían si no se tomaran medidas efectivas y paliativas. En efecto, una estimación del costo-beneficio es importante siempre cuando están implicadas inversiones de recursos, y éste ciertamente es el caso.

La agricultura en altas latitudes

El beneficio más comúnmente citado del calentamiento global es la temporada de cultivos más larga de la cual disfrutarían las regiones de altas latitudes de Norteamérica y Asia. El hecho de que las temperaturas más cálidas se están desplazando hacia el norte en el hemisferio Norte ha sido bien documentado. Sin embargo, sólo si las lluvias y otras condiciones favorables a una agricultura exitosa también van hacia el norte en tándem con la temperatura, es probable que se dé este escenario. Hoy, no lo sabemos. Si bien varios modelos actuales de circulación general (MCGs) del clima global concuerdan en que el calentamiento global va a inducir cambios distintos en regiones geográficas diferentes, aún necesitamos más trabajos antes de que se puedan predecir con certeza los detalles de los cambios regionales. Ya hemos tenido dos ejemplos históricamente recientes que demuestran la fragilidad de supuestas tierras ricas que aguardan el desarrollo. Uno es el de la American Rocky Mountain West, constantemente amenazada con la escasez de agua y claramente incapaz de contener a una población numerosa (contrariamente a la exagerada promoción que se le hizo en el siglo XIX). El otro es el programa de “tierras vírgenes” del ex premier soviético Nikita Kruschev para transformar el Asia central en una vasta región de cosecha de granos. Los esfuerzos fueron en vano. Además, puede esperarse un desbalance de los ecosistemas a medida que nuevas plantas y animales se desplacen hacia nuevas regiones y se retiren de otras. Aunque no podemos decir que el resultado final de este proceso va a ser siempre perjudicial, podemos decir que los ecosistemas involucrados van a estar sometidos a tensiones durantes estos cambios, especialmente si éstos son rápidos. Desde el punto de vista de la salud del ecosistema, es extremadamente improbable que ello sea beneficioso.

Aumento de la tasa de crecimiento de las plantas

El otro beneficio del calentamiento global que se enuncia a menudo es que las plantas van a crecer más rápidamente. También se dice que una tasa más rápida en el crecimiento de las plantas, combinada con una mayor concentración de dióxido de carbono en la atmósfera, va a contrarrestar parcialmente estas altas concentraciones quitando más gas por medio de la aceleración de la fotosíntesis. Sin embargo, estos beneficios deben sopesarse con otros posibles efectos de crecimiento acelerado de las plantas en las actuales regiones de barbechos, asumiendo que el suelo local y que las condiciones de humedad ya mencionadas lo permitan. Ello seguramente llevará a que poblaciones cada vez mayores se asienten en zonas potencialmente frágiles, impacto difícil de predecir aunque es improbable que resulte beneficioso. Incluso hay evidencia reciente de que, aunque el aumento de la concentración de dióxido de carbono de la atmósfera parece acelerar el crecimiento inicial de las plantas, la tasa de aumento del crecimiento va a disminuir rápidamente. Teniendo en cuenta estas consideraciones, no resulta obvio que vaya a haber algún beneficio neto.

Efectos destructivos de la elevación del nivel del mar

Contra estos posibles —aunque cuestionables— efectos, necesitamos examinar las consecuencias perjudiciales del cambio climático resultantes del calentamiento global. Nadie niega que va a haber problemas, de los cuales el más dramático va a ser el aumento de la media del nivel del mar, ya mencionado. Para aquellos que viven en el área de Washington D.C., es ilustrativo visitar el museo de la Academia Nacional de Ciencias. Una exhibición práctica revela en qué medida la costa de Maryland va a verse desbordada por la bahía de Chesapeake si la media del nivel del mar llega a los 0,5 metros, a 1 metro y a 1,5 metros. Para tener una referencia, el aumento de la media del nivel del mar global durante el siglo XX es del orden de los 16,5 centímetros (medio pie) (Church et al., 2001). Teniendo en cuenta que, con las temperaturas actuales, el agua de la superficie del océano se expande cuando la temperatura del agua aumenta, el calentamiento global hace que la inundación costera sea algo inevitable, con graves consecuencias potenciales para muchas áreas densamente pobladas ubicadas casi a nivel del mar. El derretimiento de glaciares y capas de hielo acelera aún más este proceso.

Más allá de estos efectos —que ya están ocurriendo— esta el riesgo de un crecimiento catastrófico del nivel del mar que inevitablemente va a producir el considerable derretimiento de las capas de hielo de Groenlandia y la Antártida, llevando el nivel del mar a un aumento aproximado de 7,20 m (22 pies). El derretimiento de todo el hielo de la Antártida agregaría un aumento adicional de 66 m (200 pies) (Church et al., 2001). Nadie predice que el calentamiento global producido por el hombre llevará a una pérdida completa del hielo del Mar Antártico, al menos en el futuro inmediato. Sin embargo, resulta pertinente recordar que para el acelerado derretimiento de las capas de hielo de Groenlandia ya observado, la evidencia reciente muestra que la caída de nieve en el interior de la Antártida, previamente citada para compensar la pérdida de las capas de hielo de sus regiones costeras, no está aumentando (Monaghan et al., 2006). Las pérdidas significativas de las capas de hielo en las costas de la Antártida indican que hay una transferencia neta de hielo hacia el agua en altas latitudes sureñas también (Cook et al., 2005). Incluso una pérdida parcial del hielo antártico traerá como resultado un incremento del nivel del mar, con las consecuentes inundaciones de las regiones costeras.

El fantasma del catastrófico cambio climático

Hay otro potencial problema catastrófico que podría resultar del impacto del calentamiento global sobre los océanos del mundo. Esto es un posible cambio en la circulación termohalina global, que controla muchas corrientes de la superficie y flujos profundos asociados que tienen un importante impacto sobre los climas regionales. El más conocido y mejor estudiado de éstos es la Corriente del Golfo, que juega un rol importante en el mantenimiento de las condiciones templadas en el norte de Europa. No todos los científicos que estudian el clima coinciden en cuánta reducción —si es que ésta existe— ha comenzado ya en el flujo de la Corriente del Golfo, y también sobre cuán importante es esta corriente cálida para mantener las condiciones templadas en el norte de Europa (Hátán et al., 2005; Kerr, 2005; Seager, 2006). No obstante, cierta reducción de este flujo —llamado circulación termohalina— es inevitable si en el Atlántico Norte se introduce agua proveniente del hielo derretido, menos salada y de menor densidad. Esto es exactamente lo que pasaría si ocurriera un rápido derretimiento de las capas de hielo de Groenlandia, complementado con el derretimiento adicional del hielo del Mar Ártico. También está universalmente aceptado que sería inevitable cierto enfriamiento del norte de Europa (Stocker et al., 2001).

Un ejemplo de cambio climático catastrófico

Lo que hace que el período bien estudiado y conocido como el “Younger Dryas” sea tan perturbador es que nos habla de un súbito y devastador período frío que ocurrió después de que la Tierra saliera de la última Era de Hielo. El Younger Dryas es un período de aproximadamente mil años, ubicado alrededor de 12 mil años a.C. Al principio del Younger Dryas, la temperatura media global de la superficie —conocida por los sedimentos marinos tomados de las cuencas oceánicas en todo el globo— descendió 10 grados centígrados en unas pocas décadas. Más aún, aunque la evidencia geológica todavía está investigándose, comienza a esbozarse un panorama a gran escala del Younger Dryas. A medida que el manto de hielo laurentino —que antes cubría gran parte de Norteamérica— estaba disminuyendo, un enorme lago de agua dulce, el lago Aggasiz, se formó al oeste de lo que hoy es el Lago Superior. Mientras las aguas glaciales de este lago llegaban, a través del actual Valle de Mississippi, al Golfo de México, la situación era estable. Pero súbitamente, ciertos procesos geológicos en el sur de Canadá parecen haber bloqueado esta salida hacia el sur, lanzando un enorme flujo de agua fría a través del Valle St. Laurence hacia el Atlántico Norte (Broker, 2006). El efecto de suprimir la circulación termohalina del cinturón transportador global oceánico fue lo suficientemente fuerte como para llevar a gran parte de la Tierra a un nuevo período de temperaturas drásticamente bajas durante un milenio. En el libro Climate Crash (Cox, 2005), de la Academia Nacional de Ciencias de los EE UU, se presenta —citando muchas fuentes originales— un detallado informe del Younger Dryas, y de cómo los datos provenientes de los núcleos del hielo y otros datos se pueden usar para confirmar este panorama, así como otros cambios climáticos que ocurrieron desde que la Tierra salió de la última Era de Hielo.

El clima como sistema semicaótico susceptible a cambios significativos

No podemos asegurar que la perspectiva del Younger Dryas necesariamente podría repetirse si el calentamiento global hace que gran parte de las capas de hielo de Groenlandia se derritan. Hay muchos otros factores que deberían considerarse. Uno es la tasa de derretimiento, ya que el drenaje de agua fría proveniente del lago Aggasiz fue muy precipitado. Sin embargo, el Younger Dryas sí nos dice que puede ocurrir un cambio climático drástico muy rápidamente si algunos procesos a gran escala desencadenan un cambio dramático en un parámetro del cual depende el clima, empujando al sistema climático más allá del punto de estabilidad. El clima es un sistema semicaótico altamente no lineal. Estos sistemas pueden responder en forma difícil de predecir a un número de procesos desencadenantes que, bajo condiciones críticas, los lleven drásticamente de un estado de equilibrio a otro, propiedad que los matemáticos han demostrado ya en sistemas complejos no lineales. Aunque este es un punto sumamente técnico, es muy importante entenderlo para llegar a comprender los procesos climáticos a gran escala.

El disparador del Younger Dryas fue la erupción de un flujo masivo de agua fría en el Atlántico Norte. Un crash climático que compartió muchas características con el Younger Dryas ocurrió aun más recientemente, durante el supuestamente estable Holoceno, aproximadamente en 8.200 a.C. (Ellison, Chapman y May, 2006). La evidencia de este evento más reciente se obtuvo de los sedimentos del fondo del mar que, gracias a nuevas técnicas, ahora aparece como una promesa para proveernos una confirmación adicional de su carácter global retrotrayéndonos a la Era de Hielo más reciente (Nicholson et al., 2006). El próximo evento desencadenante podría ser diferente. Es difícil prever si los persistentes incrementos en el dióxido de carbono y otros gases invernadero pueden inducir un cambio climático súbito en un futuro próximo. Aunque la probabilidad hoy parecería ser pequeña, nadie puede descartar tal cambio con certeza. Con respecto a las escalas de tiempo relevantes para el equilibrio global, la tasa de cambio de la temperatura media global de la superficie durante las tres décadas pasadas es ilustrativa.

Efectos perjudiciales menos obvios del cambio climático

Si asumimos que el sistema climático es lo suficientemente estable como para pensar que no nos espera ninguna catástrofe del tipo del Younger Dryas antes de que se puedan tomar medidas correctivas, aún hay muchos efectos dañinos que podemos esperar — y que ya están en camino— como resultado del calentamiento global. Consideremos el efecto de un modesto aumento en el nivel del mar sobre los pájaros insectívoros que migran regresando a los Estados Unidos desde América tropical durante la primavera. Habiendo perdido la mitad de su peso corporal mientras vuelan sobre el agua, estos pájaros dependen en forma crítica de los recursos alimenticios disponibles al nivel del mar en las regiones costeras a lo largo del Golfo de México. Si sólo las áreas pantanosas del sur de Louisiana estuvieran inundadas con agua de mar, la reducción en la población de estos pájaros sería drástica. Los expertos en agricultura estiman que dichas aves, al comerse a los insectos, le ahorran a la agricultura norteamericana miles de millones de dólares anualmente. El tema de la migración de las aves tiene un costado más sutil aún. Los partidarios de la fuerza del viento para abordar el calentamiento global a menudo son criticados porque los grandes molinos de viento matan pájaros y murciélagos. Sin embargo, los molinos de viento pueden ser apoyados por los amantes de las aves considerando el efecto neto del aumento del nivel del mar sobre los pájaros y murciélagos. El número de pájaros migratorios que mueren debido a esta nueva tecnología puede ser pequeño comparado con los que morirán a causa del hambre durante la migración, si dichas áreas costeras del sur se inundan debido a la elevación del nivel del mar. Por supuesto, hay muchos otros ejemplos referentes a privaciones económicas asociadas al aumento del nivel del mar que se pasan por alto. Hace poco, gerentes de diferentes compañías de seguro estadounidenses anunciaron que ya no asegurarían más propiedades costeras que se encuentren al nivel del mar, refiriéndose a éste último y no al huracán Katrina.

Muchos de los efectos peligrosos del calentamiento global sobre el clima no son directamente obvios. Otros incluyen el aumento de patógenos en regiones de latitudes medias densamente pobladas; evidencia documentada de que es probable que las tormentas se vuelvan más violentas (Emmanuel, 2006; Mann y Emmanuel, 2006); intensidad creciente de los incendios forestales (Westerling et al., 2006); la amplificación adicional del calentamiento global debida a la disminución de la reflexión de la luz del Sol causada por la menor cantidad de hielo y nieve, especialmente en el Ártico; y muchos más efectos sutiles.

El calentamiento global está induciendo inestabilidades en el clima de la Tierra que ya sabemos que tienen muchos efectos perjudiciales. Lo que no sabemos todavía es cuán seria puede tornarse la situación. Las posibilidades van desde malas y difíciles de solucionar —como por ejemplo salvar zonas costeras de la inundación y luchar contra nuevas enfermedades— hasta los mucho menos probables pero potencialmente catastróficos efectos de un súbito y significativo cambio climático que podrían ser difíciles de revertir.

Aunque es difícil predecir ahora exactamente hasta dónde llegaría el peligro del calentamiento global, se puede decir con certeza que los daños provocados por el calentamiento sobrepasarían significativamente a los posibles beneficios.

Sin embargo, todavía tenemos que abordar la cuestión crítica de cuál es el factor primordial responsable de la tendencia actual hacia el calentamiento. ¿Será nuestra propia actividad antropogénica? ¿O se trata en cambio, como sostienen algunos, de fluctuaciones naturales sobre las cuales no podemos influir y además deberemos aceptar y aguantar estoicamente?

Probables causas del rápido aumento actual de la temperatura de la superficie global

El mostrar que es más probable que los efectos del calentamiento global y el cambio climático sean más perjudiciales que beneficiosos, es solamente el primer paso que debemos tomar para solucionar el problema. Ahora debemos afrontar la cuestión de las causas. Solamente si se pueden abordar las causas, determinando la acción de nuestra parte, tendremos la esperanza de mitigar o eliminar los efectos dañinos. Consecuentemente, debemos examinar las fluctuaciones climáticas debidas a procesos naturales sobre los cuales no tenemos control. Dichos procesos han sido indicados como los principales causantes del rápido aumento de la temperatura global. Esta sección examina los argumentos propuestos para estos procesos, y también para las actividades humanas (antropogénicas) que, según muchos científicos piensan, constituyen la causa principal.

Dos definiciones importantes

Es útil presentar definiciones precisas de dos términos que aparecen a lo largo de todo este artículo. La temperatura media global de la superficie se define como el promedio de la temperatura del aire medido en la superficie terrestre y de la temperatura del agua medida sobre grandes extensiones de agua, estadísticamente sopesada por el hecho de que hay más mediciones disponibles en algunos puntos geográficos que en otros. Desde el advenimiento de la Era Espacial, estas temperaturas pueden medirse uniformemente desde instrumentos satelitales en todo el globo. Comparando los resultados de las observaciones espaciales más recientes con las medidas actuales realizadas con métodos más tradicionales, desde tierra, o desde los barcos y sensores colocados en los océanos, ha sido posible determinar la exactitud de las anteriores observaciones basadas en tierra y en el mar, las cuales probaron ser sorprendentemente buenas en la mayoría de los casos.

El otro término que usamos frecuentemente es clima. La mayoría de la gente sabe que el clima y el tiempo difieren principalmente en las escalas temporales involucradas. La escala temporal para el clima que usan muchos climatólogos contemporáneos es del orden de treinta años, mientras que el tiempo es un fenómeno diario que cambia abruptamente en cuestión de horas. El reciente advenimiento de la paleoclimatología basada en los estudios de los núcleos del hielo de las profundidades, de alguna manera ha conmocionado la idea de cambio climático gradual. Como se afirmó más arriba, ahora sabemos que el clima global de la Tierra puede volverse rápidamente inestable bajo ciertas condiciones. Efectivamente, cambios de más de diez grados centígrados en una o dos décadas han ocurrido muchas veces en los últimos 400.000 años (Folland et al., 2001). Ahora esto se extendió a 600.000 años y se discute más en el reciente Informe Científico del IPCC de 2006. El hecho de que los estudios sugieran que el sistema global climático ha permanecido más estable en los últimos 10.000 años (el Holoceno) que en cualquier período de los últimos 600.000, es algo apenas tranquilizador. Incluso durante esta época relativamente estable del Holoceno, hay evidencia de que el cambio del clima regional fue un factor importante en el surgimiento y caída de varias civilizaciones históricas tempranas (Cox, 2005). Tal vez, la mejor manera de definir clima global es el promedio del tiempo global, promediado a un intervalo de tiempo adecuado a la tasa de cambio del clima. Este es el punto de vista que hemos adoptado en este artículo, usando una definición de un fenómeno inherentemente dinámico que enfatiza nuestra preocupación principal: el cambio climático.

Con estos antecedentes, ahora examinaremos la cuestión de quién es probablemente el principal responsable del rápido aumento de la temperatura media global de la superficie. Empecemos por discutir lo que casi con seguridad no es la causa.

¿Podría el Sol estar causando el calentamiento global?

Anteriormente indicamos que el Sol no es el responsable del actual rápido aumento de la temperatura global. (Enfatizamos aquí que estas consideraciones se refieren a las últimas décadas. El rol del Sol en épocas más largas se está investigando activamente.) Se han propuesto tres hipótesis para la explicar el rápido aumento de la temperatura como consecuencia de la actividad solar. Una especula que hay un pequeño pero persistente aumento del flujo solar en la fase mínima de la actividad de las manchas solares, cuando el pequeño aumento periódico en el flujo debido a esta actividad está ausente. Hasta el momento, las medidas provenientes del espacio carecen de la exactitud necesaria como para establecer el valor preciso, pero fijan un límite superior para cualquier aumento posible, el cual es demasiado pequeño para explicar el aumento observado de la temperatura terrestre. Además, hay otros observadores solares que infieren, de otros datos sensibles, que no hay ningún aumento de este flujo en las mediciones de las tres últimas décadas (Hudson, 2004).

Una segunda hipótesis solar dice que el tenue aumento de la radiación ultravioleta en el pico del ciclo de las manchas solares produce un cambio suficiente en las capas superiores de la atmósfera que, apropiadamente acoplado a través de las ondas planetarias con las capas inferiores que producen el tiempo, van a ejercer un efecto suficiente sobre la atmósfera baja (la troposfera) para producir un calentamiento global cíclico y creciente. Esta hipótesis requiere un aumento significativo y persistente en el nivel de la actividad solar —por ejemplo de la radiación ultravioleta— en los ciclos solares recientes, y que pueda observarse un marcado signo periódico del ciclo solar. Nada de esto se observó (North, Wu y Stevens, 2000), ni tampoco hay hasta la fecha evidencia de un mecanismo acoplado lo suficientemente intenso como para apoyar este punto de vista.

La hipótesis final involucra la modulación de los rayos cósmicos intergalácticos por parte del campo magnético interplanetario dependiente del ciclo solar. Las reducciones en este campo magnético durante el mínimo de la actividad solar aumentan la penetración de los rayos cósmicos en la atmósfera terrestre. Se ha postulado que, durante este período de penetración, se podría elevar la formación de nubes a través del efecto “cámara de Wilson” (N. del T.: “cloud chamber” en el original) que es bien conocido por los físicos en los laboratorios de altas energías. Una previa y sorprendentemente alta correlación positiva entre el aumento de formación de nubes y el flujo elevado de rayos cósmicos estimuló el interés en esta posibilidad, pero trabajos posteriores con una base de datos más extensa la han negado. Esto no sorprendió, dada una gran cantidad de otros problemas relacionados con esta hipótesis, demasiado técnicos para tratarlos aquí.

En resumen, no hay evidencia de que el Sol sea responsable del actual calentamiento global, ni tampoco demasiada evidencia para sugerir otra cosa. La influencia solar del actual calentamiento global es extremadamente improbable (Ramaswamy et al., 2001).

Modalidades internas del sistema climático

Otra posibilidad que se ha propuesto tentativamente es que algún proceso cuasi-periódico a largo plazo confinado a la propia Tierra es el responsable. Hasta la fecha nadie ha proporcionado un mecanismo plausible y testeable para tal influencia ligada a la Tierra. Aunque se especula que un fenómeno a gran escala tal como la Oscilación Sureña de El Niño (OSEN) podría jugar un rol en el cambio climático y en el calentamiento global cuasi-periódicos, no hay evidencia convincente para apoyar tal hipótesis. En la evaluación del Informe Científico del IPCC de 2001, la probabilidad de que modalidades internas del sistema climático estén causando el calentamiento global e influenciando el actual cambio climático se consideran improbables o extremadamente improbables (Stocker et al., 2001).

El “efecto ciudad”

S. Fred Singer ha sugerido que el efecto ciudad puede ser el causante del calentamiento global (Singer, 2002). Debido a que las grandes zonas urbanas tienen unos cuantos grados más de temperatura que sus alrededores, Singer sugiere que, cuando estos efectos se promedian en un cómputo de la temperatura global, con una adecuada consideración de la alta densidad de registros en las áreas urbanas, puede explicarse el aumento de la temperatura global. Ello no es correcto. El trabajo de un número de científicos que ha aparecido en la literatura especializada y que tiene en cuenta la densidad relativa de las estaciones de observación muestra que, aunque el efecto ciudad es efectivamente considerable en los grandes centros urbanos, su efecto sobre la temperatura global media de la superficie es casi insignificante (Folland et al., 2001).

Los científicos ¿están predispuestos a favor de la influencia antropogénica?

En contraste con la investigación legítima que sugiere la posibilidad que tanto el Sol como las modalidades internas del sistema climático podrían ser los causantes del calentamiento global y del cambio climático, hay una sugerencia final que uno escucha ocasionalmente, que refleja una seria ignorancia acerca de cómo procede la ciencia. Esta especulación sostiene que el trabajo de la gran mayoría de los científicos del clima que avalan la influencia antropogénica sobre el calentamiento global y el cambio climático, está motivada primordialmente por un deseo de obtener más apoyo para sus investigaciones. Así, se sugiere luego, presentan un fuerte sesgo en la manera en que informan sus resultados.

Como respuesta a esto, vale la pena destacar que, aparte de proporcionar una nueva hipótesis, no hay nada que vaya a elevar más la reputación de un científico que el refutar una que haya ganado cierta notoriedad. En general, cuanto mejor el científico, más probable es que su orgullo personal lo motive para proceder de acuerdo a las “reglas”. La idea de que hay un entendimiento autobeneficioso no escrito entre los científicos del clima para exagerar falsamente las implicaciones de su trabajo con el fin de obtener réditos económicos efleja una amplia ignorancia acerca de cómo procede la ciencia.

La dinámica orbital de la Tierra

Aunque el efecto Milankovich, llamado así por su proponente, se considera ahora como la causa probable de las Eras de Hielo, estos cambios en la excentricidad de la órbita de la Tierra alrededor del Sol y la orientación del eje de rotación de la Tierra ocurren en un período demasiado largo para explicar el calentamiento global relativamente rápido actualmente en curso (Morell, 2004). También, ya que sabemos que los próximos cambios mayores debidos a estos procesos resultarán en un nuevo período frío, las tendencias presentes no se explican correctamente apelando a la dinámica de la Tierra. Hasta la fecha, no hay evidencia convincente de que el calentamiento global sea producido por procesos naturales que no podamos controlar en un futuro próximo.


Referencias

Comentario sobre las referencias: la mayoría de las referencias se refieren a resúmenes de artículos encontrados en las fuentes más importantes y fácilmente accesibles. Aquellos que deseen rastrear el material y dirigirse a las fuentes originales encontrarán esos artículos referenciados en los que aparecen aquí. Se ha hecho un esfuerzo para referenciar los trabajos más recientes, ya que la ciencia del clima es un campo que cambia rápidamente. La principal motivación de este artículo es educacional, y termina con unas pocas sugerencias que ya han sido adelantadas por otros. La necesidad de una mayor comprensión de las cuestiones principales entre los que hacen política hoy se hace evidente por las ideas engañosas, o incluso erróneas propuestas por los defensores del status quo, lo cual no significa que la crítica científica de las ideas propuestas por los defensores de la acción sea algo malo. Sólo considerando los resultados de todo el trabajo que ha pasado por el proceso científico de revisión por pares. Eso es lo que tratamos de resumir en este artículo.

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El presente artículo ha sido originalmente publicado en The Skeptical Inquirer, Vol. 31, No 3, May/June 2007, y es la primera parte de un artículo de toma de posición sobre el cambio climático y el calentamiento global emitido por la nueva Oficina de Políticas Públicas del Center for Inquiry en Washington. El texto completo se encuentra disponible en el website del CFI en www.cfidc. org/opp/jordan.html.