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El alma y la ciencia moderna

“Hay más cosas en el cielo y la tierra, Horacio, que las soñadas en tu filosofía”.
—Hamlet, Acto I, escena V.

La creencia en almas o espíritus1 inmortales susceptibles de juicios divinos post mortem es uno de los peores lastres sociales de la civilización moderna. Restricción de libertades civiles, trabas a investigaciones médicas prometedoras, discriminación por preferencias sexuales y políticas, son sólo algunas consecuencias de estos mitos precientíficos.

screen-shot-2016-11-17-at-5-25-51-pmConsecuencias nefastas de una creencia difundida

Por creer que cada embrión tiene un “alma” que lo haría “persona”, los religiosos se oponen al aborto temprano y a la investigación con células madre embrionarias que podría traer curas personalizadas para dolencias aterradoras: desde parálisis por lesiones de médula espinal, hasta mal de Alzheimer o Parkinson.

Por esperar justicia divina tras la muerte, muchos creyentes no buscan la solución de los problemas sociales sino que se limitan a perder el tiempo con plegarias ineficaces por las víctimas de miseria, “limpiezas étnicas”, atentados terroristas o masacres paramilitares con motosierras que desmiembran vivas a las víctimas para luego jugar fútbol con sus cabezas decapitadas2. Como esta vida sería sólo la antesala de la eterna, no importa la situación de millones; ya serán recompensados “ciento por uno” en el cielo.

La creencia en la vida eterna es una suerte de barbitúrico que impide percibir la magnitud de la tragedia humana de quienes terminan su existencia entre dolores insufribles obligatorios, porque legisladores crédulos impiden legalmente el derecho a morir dignamente, o la de aquellos cuya última experiencia consciente es perder sus miembros a filo de motosierra.

La mejor defensa

Aunque es cierto que la carga de la prueba recae en los creyentes, que los escépticos no deberíamos andar explicando por qué no creemos, y que se debería fomentar esta actitud en todas nuestras discusiones —como señaló Alejandro J. Borgo en un número anterior de esta publicación3 —, ante ideas tan nocivas como el alma inmortal debemos tomar la ofensiva. Sin importar lo tranquilizante que sea para los fieles, es un imperativo ético que los racionalistas refutemos este mito en todos los foros posibles. Hay demasiado en juego.

Pero… ¿No es pues imposible demostrar la inexistencia? No necesariamente. Cuando los atributos que la definen son irrenunciables y a la vez contrastables se puede hacer una reducción al absurdo empírica: una refutación experimental. Este artículo pretende recopilar argumentos dispersos y poco conocidos pero bien validados que muestran la incompatibilidad del alma con la realidad.

¿Qué es el alma?

Según la enciclopedia católica, el alma sería el principio interno último por el cual pensamos, sentimos, tenemos voluntad, y que anima nuestros cuerpos4. Sería simple, única para cada persona, indivisible, indestructible e integradora de todas las experiencias mentales: conciencia, inteligencia, sentimientos y voluntad. Dios la crearía en la fecundación, y ésta abandonaría el cuerpo sólo al morir.

La creencia en el alma inmortal es la más tranquilizadora de todas pues da esperanza de trascendencia post mortem y por eso es una de las defendidas más acérrimamente por los creyentes. Éstos preferirían renunciar a la existencia de Dios antes que a la inmortalidad del alma.

Refutabilidad del alma inmortal

¿Pero no se supone que el alma es “espiritual” y por tanto, “indtectable”? ¿Hay forma de refutar su existencia? El alma tiene propiedades irrenunciables; si éstas fueran incompatibles con la realidad, entonces el alma como tal no existiría.

Afortunadamente para los racionalistas, las propiedades básicas que los credos cristianos asignan al alma son refutables en sentido popperiano: todas y cada una se pueden contrastar con la realidad. Los avances modernos en biología, obstetricia, neurología y muchos otros campos, han llegado a resultados devastadores para este mito. Sólo ignorando la realidad se le puede seguir sosteniendo en este punto del avance científico.

El alma como don de Dios

Si la base vital fuera una “chispa divina” instilada en la fecundación, sería imposible lograr nuevos seres humanos de otra manera distinta porque la vida sería un “don de Dios”. En contraste, los avances tecnológicos han ofrecido una refutación a este alegato: la clonación. El método más simple consiste en dividir el embrión en sus etapas iniciales para originar dos embriones viables. Repitiendo el proceso con cada copia, se pueden generar múltiples seres humanos, todos con la misma dotación genética. La creación de una vida humana nueva cada vez que un investigador secciona una blástula muestra que la vida se genera a voluntad del laboratorista, no por don divino.

Empíricamente, cada célula madre embrionaria podría generar un ser humano dependiendo de algo tan accidental como separarla de la blástula original o dejarla en su sitio. Ello permite considerar al embrión como un “racimo de seres humanos en potencia”, más que una persona.

Sacando humanos del sombrero

Otra técnica de clonación consiste en reprogramar un óvulo humano transfiriéndole el núcleo de una célula somática del paciente. Ello genera un embrión viable con la misma dotación genética del paciente. Recientemente se ha propuesto5 una modificación revolucionaria del método de reprogramación: en vez de un óvulo humano, se podría tomar el óvulo de otro mamífero, transferirle un núcleo celular humano para reprogramar el óvulo animal y producir un ser humano.

Para el punto de vista religioso, esto es una abominación. Es inconcebible que la creación más maravillosa de Dios, la vida humana, pudiera obtenerse con medios tan mundanos como la inserción del núcleo de una célula de esfínter anal dentro del óvulo de una rata. Ante este panorama sacrílego, los creyentes señalan que el hombre está jugando a ser Dios y tratan de prohibir este tipo de investigación.

La razón por la cual los fieles se rasgan las vestiduras ante estas investigaciones es que la clonación refuta uno de sus dogmas más preciados: que Dios sea el dador de la vida. Si fuera así, ningún experimento humano “contra-natura” lograría la infusión de almas en estos embriones producidos artificialmente.

Mezclas de seres humanos

La creencia en el alma del embrión hace que los fieles lo consideren una “persona en potencia”. Pero esto también es desvirtuado por la ciencia. Por asombroso que pueda parecer, existen personas resultantes de la fusión de dos embriones con dotación genética diferente. Clínicamente se les llama quimeras6. Cuando los embriones iniciales tienen distinto sexo, la persona resultante puede ser hermafrodita.

Ello postula otro golpe a la creencia en almas: como el cristianismo cree que el alma abandona al cuerpo sólo al morir, pero ninguno de los embriones que se fusionan en una quimera muere en el proceso, entonces ninguna de las míticas almas originales podría abandonar su zona histológica.

Al final de la gestación se tendría una sola persona con dos almas repartidas espacialmente en su cuerpo: un ser humano con una personalidad, una razón, una voluntad y dos espíritus. Esta abominación teológica surge por sostener mitos. Cuando se comprende que la base de la vida es bioquímica y no teológica, estos absurdos desaparecen.

Los craneópagos comparten algunos lóbulos cerebrales. Forman una especie de mezcla personal. Es imposible aquí hablar de “dos personas independientes”.
Los craneópagos comparten algunos lóbulos cerebrales. Forman una especie de mezcla personal. Es imposible aquí hablar de “dos personas independientes”.

Individualidad y gestación

Los errores en la gestación son un laboratorio extremo para probar las afirmaciones “animistas”. La idea de que el alma es la fuente de la voluntad se opone a los hechos en el caso de los gemelos unidos por la cabeza (craneópagos). Este es una de las peores pesadillas que podría sucederle a cualquier padre.

A veces, la gestación hace que dos gemelos craneópagos tengan cerebros fusionados. Así, Krista y Tatiana Hogan7 comparten algunos lóbulos cerebrales y parte del tronco encefálico, de modo que ambas sienten hambre al mismo tiempo y siendo bebés, si una de ellas era alimentada, la otra succionaba. La actividad cerebral de las gemelas no es independiente, sino que forman una especie de mezcla personal.

¿Qué sentido tiene decir que hay “dos almas” cuando su actividad cerebral está tan entremezclada que basta usar una sola mamila para calmar el llanto de las dos? ¿Dónde está la independencia de deseo y animación corporal de la supuesta “alma” única e indivisible?

La neurología explica lo que la religión no puede: la actividad neuronal de un par de cerebros fusionados está interconectada. Es imposible hablar aquí de “dos personas independientes”, porque los cerebros no lo son. Eso explica la coordinación en el reflejo de succión y refuta la existencia de dos almas independientes atrapadas en un cuerpo semifusionado que decidirían independientemente cuándo mamar. Un mismo centro cerebral compartido hace que ambas sientan hambre y mamen simultáneamente.

Estas personitas mezcladas no son el resultado de “dos almas mezcladas” (imposibilidad teológica) sino el resultado de un par de neurocomputadores fusionados en un solo cráneo.

Bioquímica y alma

La bioquímica aporta evidencias contundentes contra el concepto de “alma”, pero han estado tanto tiempo bajo nuestras narices, que pocos creyentes las miran con seriedad. Es el caso de los árboles que no dejan ver el bosque.

Si el alma fuera realmente un conductor, un piloto del cuerpo, ningún proceso bioquímico podría alterarla; sólo alteraría la respuesta del cuerpo ante nuestra voluntad “espiritual”, pero nuestro pensamiento, nuestra autoconciencia, y nuestros procesos afectivos, no podrían mancharse por la vil materia.

Los hechos muestran lo contrario. Todos los que hemos experimentado estados alterados de consciencia —como la ebriedad— sabemos que no somos un “piloto espiritual consciente” conduciendo un cuerpo deteriorado por el alcohol; es la mismísima consciencia la que se degrada y su deterioro es proporcional a la concentración sanguínea de alcohol, tanto, que al día siguiente lamentamos muchas decisiones tomadas por la desinhibición alcohólica.

Que un químico en nuestro torrente sanguíneo diluya las facultades mentales y volitivas de nuestro prístino espíritu inmaterial refuta una base espiritual de la consciencia; la base es la actividad neuronal modulada por la bioquímica sanguínea.

La neurología y el alma

La neurología refuta la idea de que la mente sea producto de un alma encarnada que usa el cerebro como interfaz con el universo. Estudiando lesiones cerebrales localizadas, operaciones a cráneo abierto y últimamente, con técnicas como la tomografía por emisión de positrones o la resonancia magnética funcional, se puede determinar e incluso ver la función de cada zona cerebral8.

El estudio de pacientes que por algún accidente o por una hemisferectomía, han perdido un hemisferio cerebral, demostró que cada uno cumple funciones distintas: el izquierdo es racional y analítico; el derecho es intuitivo y holístico. El izquierdo encuentra la mancha negra en la pared blanca y el derecho nos permite ver el bosque a pesar de los árboles. El izquierdo procesa el lenguaje (en el área de Broca) y el derecho la percepción espacial; el izquierdo es obstinado y el derecho abierto; en los lóbulos occipitales del cerebro se encuentra la corteza visual primaria, de tal forma que el hemisferio izquierdo procesa la mitad derecha del campo visual de los dos ojos y viceversa. También descubrimos que los lóbulos frontales tienen importantes funciones de autocontrol, disciplina, y planificación a futuro; los lóbulos temporales sirven en el reconocimiento de patrones (entre ellos rostros) y, en particular, el hipocampo es indispensable para formar nuevos recuerdos.

Daños neuronales del alma

Los daños particulares en alguna zona del cerebro destruyen funciones mentales específicas. Estos daños son incompatibles con un “espíritu-piloto” intacto que trata de comunicarse por medio de una máquina corporal deteriorada, sino que concuerdan con daños específicos de las funciones mentales del espíritu-piloto. Así, una apoplejía en el hemisferio derecho, además de paralizar el lado izquierdo del cuerpo, puede causar heminegligencia, un trastorno en el cual el paciente deja de prestar atención a su lado izquierdo del universo: descuida medio lado de su cuerpo, come la mitad del plato, se maquilla la mitad del rostro, al cruzar una calle no es consciente del tránsito por un lado de ella. En palabras simples: para él, medio universo no importa. En casos extremos puede darse anosognosia, que es una negación de la parálisis, a pesar de ser evidente. Un paciente con anosognosia puede llegar a extremos de confabulación tales que cuando se le pide que aplauda, afirma que lo está haciendo y que oye las palmadas, a pesar de sólo estar aleteando con su mano derecha mientras su brazo izquierdo cuelga inerte9.

Un daño en el lóbulo temporal puede incapacitar a las personas para reconocer rostros. Pueden ver, analizar figuras, moverse en el espacio, pero son incapaces de reconocer rostros y expresiones faciales. Este trastorno, conocido como prosopagnosia fue inmortalizado en el libro de Oliver Sacks El hombre que confundió a su mujer con un sombrero10. Al contrario, a una persona lesionada en el lóbulo parietal se le daña la comprensión y percepción espaciales hasta el punto de no poder dirigir su vista adecuadamente. Aún así, podrá reconocer rostros si caen en el centro de su campo visual.

Perdiendo la capacidad de amar

Los lóbulos frontales son básicos para las funciones de la vida social. Todo lo que nos hace humanos puede destruirse si ocurren lesiones allí11. Desde depresión hasta psicopatía, todo un abanico de daños en la personalidad sucede por daños de esta zona cerebral. Un daño notorio es la pérdida total de la empatía, de la capacidad de amar y del compromiso con los demás. La descripción de esta condición en palabras típicas de los pacientes, es una total apatía ante las personas que antes eran más importantes. Un padre de familia amoroso y dedicado deja de preocuparse por su cónyuge y sus hijos, siente indiferencia absoluta hacia sus muestras de afecto, y su vida se vuelve un desierto afectivo. Si “Dios es amor” y el alma nos permite experimentarlo en nuestras vidas, ningún daño físico debería interferir solamente con la capacidad de amar. La existencia de personas que van por la vida con todas sus funciones intelectuales intactas, pero con una total apatía hacia los demás, causada por un deterioro de los lóbulos frontales, muestra que el asiento del amor no es un “ente espiritual” sino las neuronas frontales.

Congelado en el presente

Entre los peores daños cerebrales están las lesiones en el hipocampo, que pueden generar amnesia anterógrada, esto es, la imposibilidad de crear nuevos recuerdos. Los pacientes quedan congelados para siempre en el instante de la lesión. Al paciente clásico de la literatura, Henry M., nacido en Hartford, Connecticut en 1926, aún vivo, al presentarle una persona, conversa amablemente con ella de forma aparentemente normal, pero al desviar su atención por un instante es incapaz de reconocerla. No recordará absolutamente nada de la conversación ni de la persona a los pocos segundos de haberla dejado de mirar. Alguien con este tipo de amnesia puede leer eternamente el mismo periódico todos los días y siempre será novedad. Se le puede contar un chiste mil veces y reirá a carcajadas como si lo hubiera escuchado por primera vez. Henry M. es incapaz de formar nuevas amistades; para él, Harry Truman es el presidente actual de los Estados Unidos, y cuando se le pregunta su edad, dice que es aproximadamente de 30 años (la que tenía cuando extrajeron quirúrgicamente su hipocampo) y por ello, cada vez que se mira al espejo queda impactado por el anciano que ve en su reflejo.

Que daños específicos en el cerebro generen daños específicos en la persona, muestra que no es un alma mítica lo que nos dota de pensamiento, sentimientos y voluntad, porque si así fuera, ningún daño en el cerebro podría causar daños localizados en estas funciones. A lo sumo, se podría deteriorar el control del alma sobre el cuerpo, pero la consciencia inmortal e indivisible, la chispa divina en el hombre, no podría verse afectada por lo que sufriera el intercomunicador biológico. El caso conmovedor de Henry M., congelado eternamente en el mismo instante, con incapacidad perpetua para recordar nuevos datos, muestra cuán inadecuado es el concepto del alma indestructible pensante para explicar la mente.

El cerebro y las visiones religiosas

Hay otros aspectos teológicos interesantes que ha descubierto la neurología. Se ha establecido que los ataques de epilepsia del lóbulo temporal pueden causar alucinaciones, voces, ceguera temporal, sensaciones numinosas y todo tipo de manifestaciones religiosas. Al estimular eléctricamente estas zonas de la corteza, los pacientes describen experiencias místicas indistinguibles de las de los visionarios, profetas y santones orientales.

Hoy día, los neurólogos que no reprimen su racionalidad ante los mitos instilados en su infancia, aceptan abiertamente que los testimonios de conversión de Saulo de Tarso en Hechos de los Apóstoles (al quitarles sus leyendas tardías) representan un cuadro clínico normal de epilepsia del lóbulo temporal.

La divisibilidad del alma

Tal vez el resultado más asombroso de la neurología —y que establece fuera de toda duda la base de la persona— proviene de una cirugía contra la epilepsia que se realizaba a mediados del siglo XX: la “callotomía cerebral”, que cercenaba el haz de fibras que une los hemisferios (el cuerpo calloso) para evitar que los desórdenes eléctricos de la epilepsia pasaran de un hemisferio al otro. Tras la operación, los pacientes parecían comportarse normalmente, pero al examinarlos en detalle se encontró que los hemisferios quedaban aislados entre sí.

En una prueba clásica, se mostraba al paciente una figura en su campo visual izquierdo (procesado por el hemisferio derecho) y no se le presentaba nada al campo visual derecho (procesado por el hemisferio izquierdo). Al preguntársele qué había visto, respondía que nada (el habla es controlada por el área de Broca en el hemisferio izquierdo) pero al entregarle un lápiz a la mano izquierda (controlada por el hemisferio derecho) y pedírsele que dibujara lo que vio, dibujaba la figura. El hemisferio izquierdo ignoraba lo que “sabía” el derecho y viceversa.

El fenómeno es tan sorprendente, que el mismo paciente (su hemisferio izquierdo) expresaba verbalmente su asombro al ver el dibujo realizado, después de haber dicho que no había visto nada. En palabras simples, la callotomía cerebral dividía mentalmente al paciente en dos personas independientes e inconexas. Aunque suene cruel, el paciente podría jugar al juego de las veinte preguntas él solo: el hemisferio izquierdo podría pedir en voz alta al hemisferio derecho que piense en un objeto y luego comenzar a hacerle preguntas; éste a su vez podría dar golpecitos con la mano izquierda en el lado derecho del cuerpo —uno para “sí”, dos para “no”— para responderle al hemisferio izquierdo.

Se ha descubierto que con el tiempo, el hemisferio cerebral derecho de los pacientes con callotomía termina aprendiendo algunas nociones básicas de lectura que permiten hacerle preguntas simples tipo SÍ/NO/NO SÉ. Ante preguntas como “¿Estamos en Estados Unidos?”, “¿Su nombre es Michael?”, “¿Su sexo es masculino?”, se obtenían respuestas correctas e idénticas de ambos hemisferios, pero Vilayanur Ramachandran12 reportó un resultado impactante: al preguntar al hemisferio derecho (el artista, el creativo, el fantasioso, el irracional) si creía en Dios, respondía “SÍ”. La misma pregunta al hemisferio izquierdo (el analítico, el racional, el matemático, el lógico, el científico), daba como respuesta un asombroso “NO”.

Este es el último clavo en el ataúd del “alma”. Si ésta fuera la sede de la conciencia y el cerebro sólo un mecanismo de comunicación, la integración de la persona se daría en el alma inmortal aunque no hubiera puente entre los hemisferios: ella sería el puente. Los pacientes con callotomía demuestran que cortar un manojo de nervios divide a la persona tan dramáticamente que una mitad queda creyente, y la otra, atea.

Ramachandran señala humorísticamente el problema teológico que ello implica: al morir el paciente, ¿un hemisferio se va al infierno y otro al cielo? La pregunta, que pondrá a cavilar a cualquier creyente, muestra el absurdo del animismo desde el punto de vista científico.

Conclusiones

Las propiedades del alma son refutadas por los hechos. No somos un espíritu encarnado en un cuerpo; somos la actividad de nuestro cerebro. Quien haya tenido el infortunio de ver13 seres amados que se diluyen por el mal de Alzheimer, o quien conozca el deterioro de la personalidad tras una lesión cerebral, llega a la misma conclusión de Héctor Abad Faciolince en su obra El olvido que seremos: el “espíritu” no sólo no es inmortal, sino que es más mortal que el cuerpo. Sin cerebro, no hay persona. El alma inmortal no existe.

Ya que esta vida es la única oportunidad que tenemos de experimentar la existencia, es necesario hacer todo lo posible por mejorar la calidad de vida de toda la humanidad, resolver las injusticias sociales mientras las víctimas aún existan, permitir llenar de gozo, bienestar y plenitud nuestra existencia, y sobre todo, luchar enérgicamente contra cualquier mito que trate de aplastar nuestros derechos de desarrollar todo nuestro potencial antes de pasar a la inexistencia.


Notas

  1. Aunque algunos credos distinguen ambas palabras, para la mayoría de los creyentes y para el uso del español estos conceptos son sinónimos. Tratar de ver si son lo mismo o son diferentes sería como examinar si la crin de los unicornios es larga o corta. No se tocarán esos detalles insulsos en este artículo.
  2. Se puede ver un ejemplo en esta página de las Fuerzas Aéreas de Colombia: http://www.fac.mil.co/index.php?idcategoria=13847&PHPSESSID=c32c75ceddbe6f2a9fd451ac25ab46a7
  3. Ver el editorial de Pensar, Vol.4 No. 3, Julio/Septiembre de 2007, por Alejandro J. Borgo.
  4. Ver: http://www.enciclopediacatolica.com/a/alma.htm.
  5. Ver: http://www.livescience.com/health/070612_animal_embryos.html.
  6. Puede consultarse esta introducción informal al concepto de quimeras humanas: http://nevertobenext.blogspot.com/2006/05/quimeras-humanas-i.html.
  7. http://www.canada.com/nationalpost/news/story.html?id=0e49832c7a4f-4ab7-a804-e7cc03c9978f&k=13358.
  8. Se pueden consultar métodos modernos de visualización de la actividad cerebral en tiempo real, en: http://www.psc.edu/science/goddard.html.
  9. Éste y la mayoría de los casos mencionados en el presente artículo se encuentran en Fantasmas en el cerebro de V. S. Ramachandran y Sandra Blakeslee, y en El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, de Oliver Sacks, el doctor real que inspiró la película Despertares, protagonizada por Robin Williams.
  10. La siguiente página ilustra cómo es vivir sin el módulo cerebral para detección de rostros; la autora misma sufre de prosopagnosia: http://www.prosopagnosia.com/main/stones/index.asp.
  11. Se puede ver una lista de patologías asociadas a daños en los lóbulos frontales, en: http://www.ect.org/effects/lobe.html.
  12. Se puede encontrar el vídeo de la conferencia de Ramachandran para Beyond Belief 2006, en la cuarta sesión de noviembre 5, 2006 en: http://beyondbelief2006.org/watch/.
  13. Como este autor.