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DIOS Y LA FÍSICA

¿Es Dios compatible con la ciencia?

Aquí se presentan algunos argumentos desarrollados en la física en las últimas décadas que son relevantes para concebir la existencia del universo sin la necesidad de la intervención de un Dios creador, continuando y completando la tarea iniciada por la biología, que permitió comprender la existencia de la vida sin la necesidad de un creador. De esta manera, la física cumple un rol humanístico al hacer posible la liberación de los dictados establecidos por los mitos y religiones.

Demostrar por medio de la biología y la física que Dios no es necesario para la existencia de la vida y del universo, no es suficiente para el abandono de las creencias que sostienen a las religiones. Para ello, se debe además argumentar que Dios no sólo no es necesario, sino también que su existencia es incompatible con la ciencia. Esto no se ha logrado aún pero existen numerosos argumentos que brindan la posibilidad de confrontar al creyente con conclusiones racionales ineludibles. Por tal motivo, en este trabajo no sólo se mencionarán argumentos provenientes de la física sino también algunos aspectos relacionados con la teología y filosofía.

La cantidad de argumentos a favor o en contra de la creencia en la existencia de Dios es tan grande que obligatoriamente todo tratamiento del tema quedará incompleto y, consciente de ello, serán mencionados sólo unos pocos argumentos. Uno de ellos, es la clara contradicción entre las propiedades definitorias de Dios como ser omnipotente y bondadoso. Existen infinitas variantes de este argumento; quizás la más sintética es la que dice “cinco minutos en Auschwitz son suficientes para saber que Dios no existe” y la menos dramática es la de Woody Allen: “es imposible que Dios exista porque existe el sufrimiento, el hambre, las guerras, las enfermedades, los terremotos y… la calvicie”

Otro argumento, que concierne más específicamente a las religiones, proviene de las atrocidades cometidas por todas las grandes religiones occidentales en nombre de Dios. Durante toda la historia de la humanidad, y aún en el presente, la combinación de religión con el poder político o militar ha sido letal. Abundan los ejemplos de estas barbaries que sugieren que posiblemente un mundo sin religión sería un mundo mejor. Para que este mundo sea posible es forzoso demostrar que Dios no es necesario para su existencia, cosa que intentamos en este trabajo. Sería injusto mencionar solamente las barbaries cometidas por las religiones y callar los efectos colaterales buenos que de ellas provienen. Es indudable que las religiones han sido un potente motor para el arte. Pensemos solamente en la Catedral de Chartres, la Mezquita de Córdoba, las cantatas de Bach, la Misa de Gloria de Puccini, el Réquiem de Mozart, La Piedad y el David de Miguel Ángel, la Virgen de las Rocas o la Última Cena de Leonardo, etc. Sin embargo, es posible que toda esa belleza hubiera emergido con otras formas si esos artistas hubieran tenido otras motivaciones, ya que ellos también han producido maravillas sin contenido religioso. Tampoco se deben callar las acciones humanitarias realizadas por instituciones religiosas pero, igualmente, aquellas podrían también realizarse por organismos seculares.

Etapas en la relación entre Dios y ciencia

Fig 1. He aquí los ingredientes necesarios para modelar al universo real. Aquí vemos un universo en expansión con unas cuantas galaxias. Los símbolos M y v indican la masa total y la velocidad de cada galaxia. (Más información, ver texto)
Fig 1. He aquí los ingredientes necesarios para modelar al universo real. Aquí vemos un universo en expansión con unas cuantas galaxias. Los símbolos M y v indican la masa total y la velocidad de cada galaxia. (Más información, ver texto)

En la conflictiva relación entre la ciencia y la existencia de un ser sobrenatural, se pueden reconocer tres etapas. Éstas no necesariamente corresponden a períodos históricos bien delimitados sino que también se pueden encontrar en la evolución personal individual de algunos científicos. Lo que caracteriza a estas etapas es que, en la primera, Dios es necesario para la ciencia, en la segunda, Dios no es necesario para la ciencia y en la tercera, Dios es incompatible con la ciencia. En la primera etapa, el conocimiento científico era incompleto, a veces falso, y se presentaban numerosas preguntas que no podían encontrar respuesta en la ciencia. Se necesitaba a Dios y a los mitos para responderlas. El desconocimiento de la mecánica del Sistema Solar y el temor a que el Sol no aparezca el día siguiente impuso la necesidad del mito de la luz y las tinieblas, presente en casi todas las culturas primitivas. Con el progreso del conocimiento, la ciencia se enorgullece por sus éxitos y deja de ser sumisa. La necesidad de Dios desaparece en la segunda etapa y comienzan a aparecer contradicciones entre el conocimiento científico y los postulados religiosos. En la física, la mayoría de sus fundadores en el siglo XVII eran místicos y profundamente religiosos (a pesar de los problemas que tuvieron con la Iglesia). En el Siglo XIX y XX predominaban los agnósticos y ateos que no necesitaban a Dios para ninguna cuestión científica. Actualmente, entrando en la tercera etapa, se puede afirmar que si Dios creó la vida, entonces la teoría de la evolución es falsa y si Dios creó el universo, entonces las teorías físicas que se están desarrollando en este siglo son falsas. Tanto en la historia de la ciencia cuanto en su evolución personal, encontramos que la mayoría de los científicos pasaron de ser profundamente religiosos a ateos activistas.

¿Qué significa “Dios existe”?

La expresión “tal cosa existe” es mucho más compleja de lo que inicialmente parece y se nos presenta en diferentes grados de abstracción. En el grado más sencillo no muestra muchas dificultades. Por ejemplo la expresión “la Luna existe” es sencilla y nos dice que hay una masa esférica única en cierto lugar y cierto tiempo asociada a un conjunto compatible de observaciones empíricas. No vamos a considerar aquí las sutilezas y dificultades que aparecen en el debate filosófico entre el realismo y el positivismo donde expresiones tales como “la Luna existe” adquieren particular complejidad. Si no entramos en la profundidad filosófica, la expresión es clara y todos sabemos lo que significa.

Encontramos mayor abstracción cuando decimos “el protón existe”. Aquí estamos haciendo referencia a un representante no específico de un conjunto de objetos idénticos o similares. Otros ejemplos en el mismo grado de abstracción son “el Renault 12 existe” o “el vino tinto existe” que no hacen referencia a un objeto único pero aluden a la existencia de conjuntos de objetos con características bien definidas. Aquí tampoco hay grandes dificultades.

Más abstractas son las afirmaciones tales como “la segunda ley de Newton existe” o “el amor existe” o “la belleza existe” o “el verde existe”. Aquí no estamos afirmando la existencia de algún objeto sino que aludimos a la existencia de relaciones entre cosas que existen o propiedades de cosas que existen. El verde existe porque existen cosas que reflejan luz que produce nuestra percepción del color verde. La segunda ley de Newton existe porque existen sistemas físicos cuya evolución es descrita correctamente por la ley mencionada.

Ahora bien, ¿que significa “Dios existe”? Esta afirmación no se adecua a ninguno de los niveles de abstracción mencionados antes. El problema es que existen definiciones precisas para “Luna”, “protón”, “Ley de Newton”, etc., y menos precisas pero suficientes para “amor”, “verde” y “belleza”; en cambio con “Dios” no estamos seguros sobre lo que estamos diciendo. En el tercer grado de abstracción, asociamos propiedades abstractas a cosas concretas que existen y podemos intentar invertir este esquema enunciando propiedades concretas y asignarlas a algo que adquiere existencia por la conjunción de esas propiedades. Por lo tanto, si proponemos que “Dios existe” significa que existe algo con las siguientes propiedades: omnipotencia, omnipresencia, eternidad, omnisciencia, unicidad e irreductibilidad, benevolencia infinita, primer motor y primera causa, creador del universo, personalidad (es decir, susceptible de ser adorado por los humanos, dictándoles reglas de comportamiento, escuchándolos, juzgándolos, redimiéndolos y reprimiéndolos). Esta lista puede prolongarse y modificarse pero ha sido seleccionada porque contiene las principales propiedades que las religiones abrahámicas (Judía, Cristiana e Islámica) asignan a Dios. Está claro que si eliminamos todas las propiedades enunciadas, la expresión “Dios existe” se transforma en “algo existe” y pierde todo significado. Al considerar la existencia de Dios, se debe evitar un uso incorrecto de la palabra “Dios” cuando en realidad se quiere designar la belleza y armonía de las leyes de la naturaleza. Así, cuando Einstein o Spinoza mencionan a Dios, no significa que estén afirmando su existencia en el sentido religioso o teológico. A pesar de las numerosas alusiones que Einstein hace a Dios, hay clara evidencia de que era profundamente ateo.

Ante la pregunta “¿existe Dios?” se puede asumir una postura teísta al afirmarla o atea al negarla (aunque no lo haremos aquí; a veces se diferencia el teísmo del deísmo según se le asigne a Dios, o no, la propiedad de ser persona). También es posible declarar que la pregunta no tiene respuesta porque es imposible saber si Dios existe; esto es, se cree o no se cree en Dios pero no se puede saber si existe. Esta postura agnóstica, que a veces es erróneamente asimilada al ateísmo, es difícil de sostener ya que no hay motivos para pensar que la cuestión de la existencia de Dios no pueda ser abordada por medios racionales y lógicos usando criterios de verdad, si es necesario aproximados o probabilísticos, similares a los empleado en toda otra actividad intelectual. Sin duda, es posible aplicar métodos racionales a la cuestión. Posiblemente hay una intencionalidad velada en la negativa a abordar el tema racionalmente, debida a que la aplicación de métodos racionales conduce hacia el ateísmo. Esta tendencia de la razón hacia el ateísmo se manifiesta en que la gran mayoría de los científicos son ateos1, en una proporción mucho mayor que la que se encuentra en la población general (estamos suponiendo que los científicos conforman el grupo más proclive a adoptar los conocimientos obtenidos racionalmente, aun cuando éstos no sean deseables).

¿Cómo nos convencemos de que algo existe?

Cuando tenemos algún problema no resuelto, de cualquier tipo que sea, es usual proponer la existencia de algo que permita resolverlo. La simple propuesta no es suficiente para garantizar su existencia. Para ello, se debe presentar una prueba con suficiente evidencia que nos convenza. Veamos algunos ejemplos.

Existe el neutrino: en este caso, el problema era que en ciertos decaimientos radioactivos, aparentemente, no se conservaba la energía. La propuesta de solución la hizo Wolfgang Pauli al suponer la existencia de una partícula, el neutrino, que se lleva la energía faltante. La prueba experimental de su existencia la brindaron Cowan y Reines. Hoy todos sabemos que el neutrino existe.

No existe el éter: el problema es que la luz, considerada como una onda mecánica, requiere un medio en el cual propagarse. La propuesta es la existencia del éter con las propiedades materiales necesarias. La prueba nunca llegó. Las propiedades del éter son contradictorias (rigidez y permeabilidad) y su existencia es inapropiada porque contradice experimentos (constancia de la velocidad de la luz). Además es innecesario porque la luz no es una onda mecánica sino que es una onda electromagnética que puede propagarse en el vacío. Hoy todos sabemos que el éter no existe.

En la física hay muchas propuestas para resolver problemas que aún no han obtenido la prueba: el Bosón de Higgs ha sido propuesto para poder explicar la masa de otras partículas y aún no ha sido encontrado pero probablemente pronto se brinde la prueba de su existencia. La materia oscura, los axiones, las supercuerdas, los N’inos2, y otros han sido propuestos y esperamos la prueba, pero si ésta no llega en un tiempo prudencial serán abandonados.

¿Y Dios existe? Aquí el problema es ¿cómo apareció el universo y la maravilla de la vida? ¿Cómo vencer el miedo a lo desconocido, al mal, a la muerte? La propuesta es: existe un Dios creador del universo, omnipotente, omnisciente y bondadoso, que envía al Mesías para salvar al hombre. Igual que con el éter, la prueba nunca llegó. Igual que con el éter, la propuesta tiene propiedades contradictorias (omnipotencia y bondad). Igual que con el éter, es indeseable por las aberraciones y/o errores cometidos en su nombre. Igual que con el éter, no es necesario para la existencia del mundo y de la vida. A diferencia de lo que pasa con el éter, millones afirman que existe.

El primer motor

Uno de los primeros argumentos tendientes a demostrar la existencia de Dios y que tiene relación con la física es el del primer motor o primera causa. Hoy , este argumento no tiene mucha importancia, pero es interesante analizarlo para ilustrar la tendencia histórica según la cual un mejor y mayor conocimiento de la física resulta en una menor necesidad de la existencia de Dios.

Fig. 2. Dependencia de la distancia D entre dos galaxias en función del tiempo T.
Fig. 2. Dependencia de la distancia D entre dos galaxias en función del tiempo T.

El argumento tiene su origen en la observación de la física aristotélica —falsa— de que solamente la materia con vida (animada) podía moverse por sus propios medios. De acuerdo a esta filosofía, toda la materia inanimada que se mueve, es movida por algo. Ahora bien; si algo es movido por otra cosa, es necesaria una tercera cosa que mueve a la segunda y entramos entonces en una regresión infinita. Debe existir un primer motor que a su vez no sea movido por nada. Este primer motor o primer eslabón de una cadena causal es Dios.

Con el advenimiento de la física newtoniana se invalida el argumento. Aquí, el movimiento no requiere causas según lo establece el principio de inercia de Galileo o Primera Ley de Newton. No necesitamos un motor. El estado natural es el de movimiento y el reposo es un caso particular. Lo que sí necesita una causa (fuerza) son los cambios de movimiento (o sea la aceleración), tal como lo establece la Segunda Ley de Newton: F = m a. Podríamos intentar comenzar una regresión infinita preguntando cuál es la causa de la causa pero la Tercera Ley de Newton, el principio de acción y reacción, corta la cadena en el segundo eslabón: si un cuerpo ejerce una fuerza sobre otro causando un cambio en su movimiento, entonces el segundo cuerpo ejerce la misma fuerza pero en sentido opuesto sobre el primero. No se desarrolla una cadena causal con infinitos cuerpos porque en su lugar aparece la interacción entre sólo dos cuerpos. Dios como primera causa no es necesario.

La entropía de Dios

Richard Dawkins, en el excelente libro El Espejismo de Dios (The God Delusion), informa sobre una cuestión que ha planteado a numerosos teólogos y creyentes que nunca ha recibido respuesta satisfactoria: es imposible no asombrarse ante la maravillosa complejidad de la vida y del mundo. La estructura de una flor, el movimiento de un gato, el desarrollo de una tormenta, los procesos en la evolución de una estrella, etc. nos dejan perplejos y difícilmente podemos aceptar que toda esa fascinante complejidad pueda haberse desarrollado sin la intervención de un creador. Naturalmente pensamos que dicho creador existe. Pero aquí comienza el problema: es evidente que todo lo que genera alguna otra cosa compleja siempre es más complejo que la cosa generada. El hombre puede crear una computadora, componer una sinfonía o construir la Alhambra, porque es más complejo que sus obras. Todas las amebas juntas no podrían hacerlo. Obligatoriamente entonces, el supuesto Dios creador debe ser más complejo que la obra creada e igualmente nos asombramos y nos preguntamos de dónde sale su complejidad: debe haber sido creado por otro Dios superior y entramos en una regresión infinita ineludible. Si Dios existe, entonces no puede ser simple como lo requiere la teología.

Fig. 3.
Fig. 3.

Todo físico que analice el argumento encontrará similitud con la Segunda Ley de la Termodinámica. En efecto, el argumento puede ser traducido apelando a la entropía. Es así: si Dios creó al mundo del caos, entonces la entropía de Dios debe haber aumentado en el proceso de creación. El caos, sustancia primordial de la que surgió el universo, es absolutamente desordenado, o sea con máxima entropía (Sc). El mundo es ordenado y por lo tanto tiene entropía (Sm) menor que la del caos (Sm<Sc). Si consideramos a la entropía de Dios (Sa) antes de la creación y su entropía después de la creación (Sd), la Segunda Ley de la Termodinámica impone un crecimiento de la entropía total o sea Sc+Sa < Sm+Sd, y comparando con la desigualdad anterior deducimos que Sa < Sd. Es decir, si Dios existe y creó al mundo, debe haber aumentado su entropía en contradicción con su propiedad de ser inmutable, eterno y atemporal. Por lo tanto, el creacionismo es insostenible.

El argumento de la creación del mundo complejo en un instante a partir del caos es muy ingenuo y correspondientemente su refutación también lo es. Sin embargo, es importante aclarar que concebir la existencia de la complejidad del mundo (que originó el argumento) no es un problema mayor para la física. No se analizarán aquí los sistemas autoorganizados donde se genera complejidad a expensas de la energía y entropía del entorno (ver Gell Mann en la bibliografía). Si bien la complejidad del mundo que nos rodea es asombrosa, ésta puede ser explicada por la física sin requerir la intervención de un creador.

¿Todo esto “ex nihilo”?

Similar al argumento anterior, pero sin ingenuidad, es pertinente preguntarse de dónde proviene todo el universo. Toda la materia y dinámica del universo no pueden provenir de la nada. Decir que siempre existió no calma nuestra inquietud. Todo lo que hay en el universo debe haber sido creado. Antes de apresurarnos invocando a un creador, veamos en realidad cuánto hay en el universo que deba ser creado. La pregunta planteada en términos físicos, considerando que la materia es equivalente a la energía, es ¿cuánta energía hay en el universo? ¿Es posible que toda esa energía provenga de la nada? Aquí aparentemente necesitamos a un creador que se haga cargo de toda esa energía. Los conocimientos de física adquiridos en las últimas décadas permiten calcular la energía total del universo. Para ilustrar ese cálculo, consideremos el universo “de juguete” ilustrado en la Figura 1 que contiene todos los ingredientes necesarios para modelar al universo real. Aquí vemos un universo en expansión con unas cuantas galaxias. Los símbolos M y v indican la masa total y la velocidad de cada galaxia. Además se representa la fuerza F de atracción gravitatoria ejercida sobre cada galaxia que es consecuencia del campo gravitatorio del universo. La energía total del universo es la suma de tres componentes: E = EK + EM + EG; la primera, EK, es la energía cinética debida al movimiento de las galaxias (1/2 Mv2 para cada galaxia, en versión no relativista); la segunda componente, EM, es la energía correspondiente a la masa de las galaxias (la famosa Mc2 de Einstein para cada galaxia) y la tercera, EG, es la energía potencial contenida en el campo gravitatorio. Esta tercera componente es una energía negativa a diferencia de las otras dos que son positivas. La demostración de que esta componente es negativa es sencilla pero algo extensa para este trabajo y puede encontrarse en el apéndice de la obra de A. Guth citada en la bibliografía. Intuitivamente se puede comprender que esta energía potencial tenga diferente signo que las otras dos porque, al ser “potencial” no está realizada. Es similar al “debe y haber” que en una planilla de contabilidad deben tener diferentes signos. El valor preciso de toda la energía del universo va a depender del valor de la densidad de materia que hay en el universo (o sea la cantidad de masa por unidad de volumen) indicado por ? en la figura. El valor que tiene la densidad del universo es crucial para determinar su destino. Si la densidad es mayor que cierto valor crítico dc entonces la atracción gravitatoria es predominante y el universo frenará su expansión y comenzará una etapa de contracción. Si la densidad del universo es menor que el valor crítico dc, el universo continuará para siempre su expansión. Con el valor crítico que separa estos dos casos, el universo se expande sin límite pero a un ritmo decreciente. Estos tres casos están ilustrados en la Figura 2 donde vemos la dependencia de la distancia D entre dos galaxias en función del tiempo T. La densidad puede medirse en observaciones astronómicas y también es predicha por argumentos teóricos que explican la etapa inflacionaria del universo. Estas mediciones y predicciones sugieren que la densidad del universo es exactamente igual al valor crítico dc. Este resultado es muy interesante porque, para este valor de la densidad, la energía potencial negativa cancela exactamente a las componentes positivas y obtenemos el asombroso resultado de que ¡la energía total del universo es cero! El universo es “gratis” y no necesitamos ningún ser sobrenatural que provea la energía del universo. Con respecto a la energía, todo lo que nos rodea puede ser “ex nihilo” sin necesidad de Dios.

El teísta puede retrucar “bien, no necesitamos a Dios para crear la energía del universo pero sí lo necesitamos para separar la componente negativa gravitatoria de las positivas de masa y movimiento”. En otras palabras, si la energía total es nula, ¿porqué hay algo y no nada? Si la energía es nula, un universo sin materia sin movimiento y sin campo gravitatorio, o sea la nada, parece ser la realización más sensata. Dios interviene para transformar esa nada sin materia ni energía en un universo sin energía pero con materia, con movimiento y con gravitación. Veremos en la próxima sección que para esto, la física tiene también una explicación.

¿Porqué hay algo y no nada?

Existen sistemas físicos para ilustrar la posibilidad de que un universo vacío, sin materia ni movimiento ni gravedad, sea inestable y decaiga rápidamente hacia un universo con energía nula pero con materia en expansión y con atracción gravitatoria tal como el que conocemos. En muchos sistemas físicos (clásicos y también cuánticos) se presenta una situación que ha sido denominada como “Rotura Espontánea de Simetría”. En estos casos, la energía del sistema depende de alguna cantidad característica del sistema que designamos ? y el estado de mínima energía corresponde al valor de F=0 En este estado, el sistema tiene cierta simetría. Puede suceder que algún cambio en el sistema tenga como consecuencia que el estado de mínima energía no sea ya el que corresponde a F=0 sino a algún otro valor de F. Cuando esto sucede, el sistema hará una transición a este nuevo estado de mínima energía y la simetría asociada a F=0 será “rota”, o sea, el sistema deja de ser simétrico. En la Figura 3 se ilustra esta transición del estado en que F=0 (designado “nada”), al estado en que F toma otro valor (designado “algo”).

Un ejemplo clásico de rotura espontánea de simetría es cuando aplicamos con los dedos una fuerza a lo largo de una varilla fina (como puede ser una varilla para beber gaseosas o aquellas para revolver café en vasitos de plástico —recordamos con añoranza cuando el café venía en pocillos de loza y las cucharas eran de metal. Si la fuerza es pequeña, la varilla permanece derecha y el sistema es simétrico; pero si la fuerza excede cierto valor, el sistema pierde la simetría y la varilla se dobla. Se ha producido una transición espontánea de un estado simétrico con F=0 a un estado de menor energía pero con F distinto de cero. En la teoría de campos cuánticos también aparecen ejemplos de rotura espontánea de simetría y cuando se descubra el bosón de Higgs, tendremos una evidencia de que este mecanismo se realiza en la naturaleza.

Podemos suponer que el universo en un instante muy cercano al inicio, cuando en nuestro tiempo habían transcurrido solamente 10-34 segundos, hizo una transición como la indicada en la Figura 3, y pasó de un estado vacío donde no había “nada” pero con un pequeña cantidad de energía (la correspondiente a 10-14 gramos alcanzan) a un estado donde había “algo” que evolucionó, según las leyes físicas bien conocidas, hasta el universo que hoy observamos. En esa transición muy violenta, designada como “inflación”, el universo duplicó su tamaño 86 veces. Así como hoy encontramos fósiles que nos permiten inferir que los dinosaurios existieron, tenemos hoy múltiples observaciones astronómicas que permiten inferir que ese período de inflación realmente ocurrió en los primeros instantes del universo.

Bien, pero ¿de dónde salen esos 10-14 gramos en el vacío inicial? El teísta responde que para esta cantidad requerimos un Dios creador. No es así. La física puede brindarla. Para comprender esto, debemos recurrir a la mecánica cuántica, más precisamente el principio de indeterminación de la mecánica cuántica. Esa energía inicial puede provenir de una fluctuación cuántica del vacío. Antes de explicarlo, analicemos si la cantidad de energía correspondiente a 10-14 gramos (1 Joule) es mucho o poco. La cantidad es por supuesto despreciable (pero no cero) comparada con la masa que hay en el universo. También es despreciable con respecto a la masa que mide el carnicero en su balanza y también el farmacéutico (mejor dicho, el boticario de antes que medía cosas) con su balanza que mide microgramos. Esa cantidad es cien millones de veces menor que un microgramo. Sin embargo, comparado con la masa de los átomos es muy grande ya que corresponde a casi un billón de átomos de carbono y ocuparía aproximadamente una esfera de algunas décimas de micrón de diámetro que podría ser visible con un microscopio. No es tan despreciable.

La mecánica cuántica predice que el vacío tiene fluctuaciones en que aparece espontáneamente energía durante tiempos suficientemente pequeños. Para tiempos grandes, el balance de energía debe ser cero pero, durante tiempos muy cortos, puede aparecer energía de la nada que luego desaparece. Existen numerosas confirmaciones experimentales de la existencia de esas fluctuaciones del vacío que tienen una realidad demostrada. Lo importante para esas fluctuaciones es que el valor de la energía aparecida, , multiplicado por el intervalo de tiempo de su existencia, , exceda el valor de la constante de Planck. O sea . En los primeros instantes del universo, para tiempos anteriores al período de inflación, que se estima que sucedió entre 10-34 y 10-32 segundos, podemos tener una fluctuación de la energía suficientemente grande, mayor que 10-14 gramos que es todo lo que necesitamos para iniciar el universo.

Esta física del génesis ¿está probada?

¿Qué grado de certeza tenemos sobre toda esta física que nos permite eliminar la necesidad de la existencia de un Dios creador? ¿Es segura? Para responder a esto debemos diferenciar dos etapas. Podemos tener enorme confianza en la física que describe al universo en la segunda etapa, para tiempos posteriores a aproximadamente 10-32 segundos. Después de este tiempo, el universo estaba compuesto por los quarks, fermiones (electrones y similares), bosones (fotones y similares) y posiblemente otras partículas aún no descubiertas tales como el bosón de Higgs o las responsables de la materia oscura y otras que aún no sospechamos. Los quarks se combinaron para formar protones y neutrones que luego formaron los núcleos de hidrógeno y helio. Mucho tiempo después, por acción gravitatoria, se formaron las estrellas y en su interior se sintetizaron núcleos pesados (hasta el hierro). Los núcleos más pesados (hasta los transuránicos) se formaron en gigantescas explosiones de algunas estrellas (supernovas). Del polvo cósmico remanente de las explosiones, se formaron nuevas estrellas y planetas que, si se daban las condiciones, generaban más y más complejidad hasta la aparición de la vida. La evolución hizo su trabajo hasta la aparición del hombre. Las teorías físicas que describen todos estos procesos han sido confirmadas con un muy alto grado de certeza. Es un orgullo para nuestra cultura haber desarrollado el conocimiento suficiente para poder explicar en forma muy fidedigna al universo desde su primerísima infancia, 10-32 segundos, hasta hoy. Por supuesto que en este conocimiento hay varias brechas y varias preguntas sin respuesta precisa. Es también posible que debamos hacer algún cambio en nuestras teorías y no es imposible que sea necesario algún cambio revolucionario (por ejemplo uno que permita entender la mecánica cuántica), pero de todas formas, los cambios que aparezcan permitirán una mejor explicación que la que tenemos, que ya es muy satisfactoria. Posiblemente la brecha más grande esté en la química que describa la transición entre la complejidad autoorganizada y el inicio del mecanismo de selección natural donde los cambios favorables se transmiten a los sistemas reproducidos. Hay, sí, algunas brechas, pero todo indica que serán superadas.

Diferente es la situación para la descripción del universo en la primera etapa, para tiempos menores que 10-32 segundos. Aquí las brechas son mayores y las teorías no están aún definitivamente establecidas aunque tenemos esquemas posibles. Por ejemplo es casi seguro que el universo tuvo el período de inflación mencionado pero no estamos seguros de los detalles.

La figura 3 es solamente representativa y todos los tiempos y energías mencionados son estimaciones que pueden cambiar por decenas o centenas. En esta etapa interviene la teoría cuántica de campos que no ha sido probada experimentalmente en ese rango pero tampoco tenemos motivos para pensar que no sea válida. La situación es peor para tiempos menores, del orden de 10-43 segundos, en que entramos en la llamada “era de Planck”. En este rango se debe combinar a la mecánica cuántica y a la relatividad general en una teoría unificada indisociable. Esto no se ha logrado aún pero existen varias propuestas prometedoras en desarrollo. Aquí las brechas son grandes y confiamos que en el siglo XXI se establezcan las teorías que describan el universo desde el inicio exacto. Esta será seguramente una física fascinante que describa la estructura cuántica unificada del espacio tiempo y materia. Sin duda será una teoría abstracta, hiriente a nuestra intuición clásica, que requerirá gran esfuerzo en su desarrollo y confirmación. Sin embargo, la historia de la ciencia nos muestra otros logros titánicos y podemos tener confianza en que la meta será alcanzada.

Conclusiones

Mencionamos antes que si vaciamos la definición de Dios de sus propiedades, entonces la existencia de Dios pierde necesidad y sentido. En este trabajo hemos visto cómo la física, asumiendo un rol humanístico, permite quitarle a Dios algunas de las propiedades asignadas, haciéndolo innecesario para la existencia del universo. Una de las propiedades más relevantes asignadas por los teístas es la propiedad de ser persona. Aunque éste no es un tema relacionado con la física, es de interés mencionarlo porque comparte con los argumentos físicos la característica de racionalidad. Se puede demostrar que, al menos, Dios no responde a las plegarias. Existen experimentos bien hechos (con muestra de control y rigor estadístico) que demuestran, por ejemplo, que las oraciones masivas no tienen ningún efecto sobre la evolución de las enfermedades. Durante la semana de Pascua, el Papa y todos los católicos, más de mil millones, ruegan por la paz en el mundo sin que esto tenga ningún efecto. Cuando el Papa enferma, en todas las iglesias católicas del mundo se ruega por su salud pero sus enfermedades evolucionan como las de cualquier otro olvidado. Ante toda esta evidencia, los teístas sólo pueden resguardarse afirmando que los criterios racionales no son aplicables a la cuestión de la existencia de Dios. Sin embargo, no existe ningún motivo válido para aceptarlo, excepto por el hecho de que a los teístas no les agradan las conclusiones a las que se llega por medios racionales. Posiblemente la meta final más relevante de este trabajo es la de hacer un llamado a usar la razón y la lógica con honestidad y coraje y no temer a las conclusiones que se deriven de ellas. Sobre todo, evitemos la famosa apuesta de Pascal (“conviene creer que Dios existe porque si nos equivocamos no pasa nada pero si no creemos y nos equivocamos, estamos condenados”); es cobarde, deshonesta y no es digna de respeto.

Contrariamente a lo que muchos creen, el hombre sin Dios tiene una ética superior porque se hace responsable de sus actos y no invoca el perdón por sus errores, es más libre porque no está atado a reglas arbitrarias, es más feliz porque es dueño de su destino, es más humano porque el hombre es lo más grande que conoce y busca alcanzar en la Tierra las metas supremas de paz, justicia, libertad y conocimiento. Es más digno de participar de la maravilla de la naturaleza.

Agradecimientos

Agradezco a San Antonio por convencer a Yolanda, a San Valentín por Lulú, a San Cayetano para que no me echen del CONICET, a San Roque para que ese perro no me toque, a San Cristóbal que me ayuda a cruzar la avenida Colón en bicicleta, a San Antonio que me ayuda a encontrar la bombilla, a San Ramón Nonato por ayudar a mi mamá, a San Judas Tadeo por la publicación de este artículo, a San Expedito para que lo publiquen rápido, a San Yago por el camino, a San Casimiro por las tentaciones carnales, a Santa Bárbara para que no me parta un rayo, a San Elías para que llueva los miércoles y no los domingos, a Santa Rita para que me ayude con la cuántica, a Y. Herren, C. Aldao y P. Sisterna que no son ningunos santos.


Bibliografía

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  • Dawkins, R. The Root of All Evil, y muchos otros en YouTube.com
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  • Larson L, E.J. Witham, Scientific American,. Sept, 1999.
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