Contracorriente

Creacionismo y evolución: diseñando la polémica

El año que culmina no pudo haber sido más intenso en lo que se refiere a la inagotable controversia entre los defensores de la evolución y los partidarios del creacionismo y del llamado “diseño inteligente”. Y una vez más, el campo de la educación pública fue el centro visible de las disputas.

En 1987, la Corte Suprema de los Estados Unidos había revocado una ley del Estado de Louisiana que ordenaba la enseñanza del creacionismo “científico” toda vez que la teoría de la evolución fuera enseñada en las escuelas públicas. En el fallo, la Corte consideró al creacionismo una expresión de carácter religioso contraria a la Primera Enmienda de la Constitución estadounidense que prohíbe al Gobierno el fomento de la religión.

Los antievolucionistas desarrollaron entonces una serie de artificiosas estrategias terminológicas y doctrinales buscando evitar toda posible referencia religiosa. Surgió así el denominado “Diseño Inteligente” que fue presentado como una “alternativa científica a la evolución”, cuya enseñanza debía ser permitida en las clases de ciencia justamente por ser “científico” y estar “despojado” de toda connotación teológico­religiosa.

Lo cierto es que el diseño inteligente es una versión modificada del creacionismo, una pseudociencia sin mérito científico alguno que alega que el mundo natural fue diseñado por un agente inteligente.

Aún así, esta tesis cuenta con el apoyo de influyentes personalidades que predican incansablemente en favor de su definitiva inclusión en los programas de estudio de las escuelas públicas. Entre ellos, el cardenal vienés Christoph Schönborn, el actual presidente de los Estados Unidos George W. Bush y los miembros del Discovery Institute de Seattle, un think tank conservador que propone que la evolución sea enseñada “como una teoría científica abierta al escrutinio crítico y no como un dogma sagrado e incuestionable”1.

Todos ellos participaron del debate y dijeron lo suyo. Schönborn sostuvo que “la evolución en el sentido de ascendencia común puede ser cierta, pero [no así] la evolución en el sentido neo-Darwinista —un proceso de variación aleatoria y selección natural, ni planeado ni dirigido—” y que “cualquier modo de pensamiento que niegue o busque desestimar la abrumadora evidencia en favor del diseño en biología es ideología, no ciencia”2. Por su parte, Bush declaró en agosto de 2005 durante una conferencia de prensa en la Casa Blanca que tanto la evolución como el diseño inteligente “deberían ser adecuadamente enseñados” en las escuelas públicas, “así la gente puede entender de qué trata el debate”; señalando, además, que “parte de la educación es exponer a la gente a diferentes escuelas de pensamiento”3 —una postura que fue aplaudida por el Discovery Institute que interpretó los comentarios del Presidente como una defensa de la libertad de expresión y del derecho de los estudiantes a escuchar distintas posiciones científicas sobre la evolución4.

Los dichos de Schönborn fueron recibidos con preocupación aún entre los científicos católicos, incluyendo al director del observatorio astronómico del Vaticano Rev. George Coynes S. J., quien respondió críticamente a Schönborn, quien, a su vez, dijo que su artículo había conducido a malentendidos y, en algunos casos, a polémicas. También el asesor presidencial en temas científicos, John H. Marburger III, dijo que las expresiones de Bush habían sido malinterpretadas pero subrayó que la “evolución es la piedra angular de la biología” y que “el diseño inteligente no es un concepto científico”5.

Otras voces provenientes de muy diversos ámbitos se sumaron también al debate para contrarrestar la renovada ofensiva neocreacionista: la Unión Geofísica Americana declaró que el diseño inteligente no es una alternativa científica legítima a la biología evolutiva; la Asociación Nacional de Maestros de Ciencia señaló que el diseño inteligente no es ciencia y que no tiene lugar en las clases de ciencia6; Susan Spath, del Centro Nacional para la Educación Científica, expresó que el diseño inteligente es esencialmente creacionismo, una creencia religiosa, no ciencia; y Barry W. Lynn, director ejecutivo de Americanos Unidos para la Separación de Iglesia y Estado, afirmó que “Bush ha usado su púlpito presidencial para promover la absurda noción de que la teoría de la evolución está sujeta a controversia y que el ‘diseño inteligente’ es una tesis científicamente legítima”7.

Pero no todo fue una guerra de palabras: en Harrisburg, en el Estado de Pensilvania, en los Estados Unidos, un grupo de once padres liderados por Tammy Kitzmiller interpuso una demanda contra el Distrito Escolar del Área de Dover acusándolo de violar el principio de separación entre Iglesia y Estado consagrado por la Constitución y de promover, en consecuencia, contenidos religiosos. Asistidos por la filial local de la Unión Americana para las Libertades Civiles, los demandantes objetaron una norma del distrito de Dover que requiere que los maestros lean en las clases de biología una declaración que dice: “Puesto que la teoría de Darwin es una teoría, aún está siendo sometida a prueba, a medida que nuevas evidencias se descubren. La teoría no es un hecho. Existen lagunas en la teoría para las cuales no hay evidencia. (…) El diseño inteligente es una explicación del origen de la vida que difiere de la explicación de Darwin”8.

En tanto, el 8 de noviembre de 2005, el Consejo de Educación de Kansas aprobó las nuevas normas para la enseñanza de las ciencias en las escuelas públicas. Los nuevos estándares, que sirven de guía a los 300 consejos escolares locales, cuestionan la teoría de la evolución, reintroducen el creacionismo en las escuelas y redefinen la ciencia misma que ya no quedará estrictamente limitada a las explicaciones naturales. “Este es un día triste, no sólo para los niños de Kansas, sino para Kansas”, dijo Janet Waugh, uno de los miembros del Consejo que votó en disidencia. “Nos estamos convirtiendo en el hazmerreír no sólo de la nación sino del mundo.”9 Enseñar o no enseñar la controversia es, en suma, el eje de la discusión actual. Los evolucionistas sostienen que no debe enseñarse en razón de que tal controversia es inexistente: sólo la evolución es ciencia —el diseño inteligente es un caballo de Troya emplazado para introducir conceptos religiosos allí donde no debería haberlos. Los neocreacionistas, en cambio, insisten en la enseñanza de la controversia, presentando al diseño inteligente como una “alternativa científica a la evolución”. Y aunque pueda sorprender, algunos escépticos también piensan que el creacionismo “científico” sí debe enseñarse en las clases de ciencia, pero como un ejemplo que ayude a ilustrar los principios del método científico y, especialmente, lo que la ciencia no es10.


Notas

  1. www.discovery.org/scripts/viewDB/index.php?command=view&id=2348
  2. Schönborn, C. Finding Design in Nature. The New York Times, July 7, 2005.
  3. www.ncseweb.org/resources/news/2005/US/231_president_bush_endorses_in tell_8_3_2005.asp
  4. www.au.org/site/News2?page=NewsArticle&id=7526&abbr=cs_
  5. Véase nota 4.
  6. Véase nota 3.
  7. Véase nota 4.
  8. www.aclu.org/evolution/legal/complaint.pdf
  9. Wilgoren, J. Kansas Board Approves Challenges to Evolution. The New York Times, November 9, 2005.
  10. Stafford, T., Brown, A. 2005. Why Creation Science Must be Taught in Schools. The Skeptic [UK], 18: 2, 8–10.