Cartas de Lectores

Cartas de Lectores

Señor Director:

Me interesó mucho el artículo sobre los niños índigo del Vol. 1, Nro. 4 y me hizo pensar un par de cosas.

Nunca imaginé que alguien pudiera desear que su hijo sea tan extraordinario.

Normalmente el padre quiere que sus hijos sean mejor que uno, pero… que tengan “una misión” o que “lean nuestra mente” o que “provengan de mutaciones extraterrestres” (¿serán en tal caso verdaderos hijos nuestros?) ¡Ufff!!

Recuerdo que en la película El pueblo de los malditos, los hijos —lejos de ser hiperkinéticos— se desplazaban en forma robótica, podían leer la mente de sus padres, detectar sus miedos y así provocar accidentes fatales, por lo que rápidamente iban quedando huérfanos.

¿Cómo actuarán esos padres que “descubren” que sus hijos son tan distintos a ellos? ¿Los sobreprotegerán? ¿Los temerán? De seguro, pienso que los cosificarán.

De golpe recordé la película Los Niños de Brasil donde Laurence Olivier (Mengele en la ficción) seguía con el proyecto de crear niños genéticamente arios. No quiero decir que sea algo parecido pero, ¿no nos basta con que nuestros hijos sean ellos mismos? Quizás el problema se lo estemos creando nosotros y así seamos los verdaderos “Doctores Frankenstein” de la historia.

Por otro lado he pensado que a los padres de niños con Trastorno Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) no sólo los han utilizado los mercaderes del asunto índigo (por ejemplo con la lectura de auras, con la venta de libros, con el ofrecimiento de profesores particulares para los niños especiales, etc) pues he leído en www.txoriherri.com/THMNews74.htm que paradójicamente— hace unos años se suscitó un verdadero escándalo entre los laboratorios fabricantes del metilfenidato (la droga base para el tratamiento del TADH). La publicidad de Aderall (la competencia de Ritalin) no se dirigía sólo a los psiquiatras sino a los padres de niños con dicho trastorno creándoseles la ilusión de que ese producto era poco menos que milagroso. La cosa empeoró cuando se supo que adolescentes usaban la ritalina para intoxicarse por vía nasal (debe ser tomado por vía oral).

No… si a veces me parece que los extremos se juntan de forma misteriosa.

Lo felicito por la revista ya que cada número supera al anterior en interés.

Lidia Beatriz Roas
Licenciada en Servicio Social